María Cobos es una inmigrante que cruzó el desierto de Arizona porque sufría de violencia doméstica y ahora vive en Kentucky donde ha encontrado la felicidad.
El pasado 25 de julio, María compartió su historia con Lorena Mora-Mowry durante la reunión de Mujeres Latinas de Kentucky en el Centro Cristo Rey.
Lorena: ¿Cómo llegaste a los Estados Unidos?
María: En el año 2000, yo estaba viviendo en México con una violencia doméstica por casi 20 años. Llegué a los Estados Unidos porque mi hermano vio que sólo trayéndome aquí era la única forma de ayudarme para salir de ese circulo de violencia. Realmente cuando uno sufre de violencia doméstica no es culpa de una persona, la culpa es de los dos, uno que es el abusador y el que deja que te abuse. Claro que cuando uno está metida en ese rollo, uno no se da cuenta, uno se hace víctima. Mucha veces las víctimas nos gusta ser víctimas. ¿Verdad? Porque si vamos atrás y atrás, en mi caso, siempre fui abusada por diferentes personas.
Lorena: Pero tu sabias que estabas sufriendo de violencia doméstica ¿Cómo es eso que fuiste abusada por diferentes personas?
María: Si me daba cuenta que era un abuso personal, pero como estaba acostumbrada a que siempre había sido abusada de alguna manera, me parecía normal. Me gustaba sufrir, es lo más estúpido.
Lorena: Culturalmente sentías que era normal porque le había pasado lo mismo a tu mamá o a tu abuelita
María; Si esa es la línea que uno había visto, pero siempre en mi persona buscaba como que me faltaba amor. Entonces en la búsqueda que alguien me quisiera, me dejaba hacer lo que fuera con tal de sentirme querida, sentirme importante para alguien.
Pero también, gracias a Dios, siempre me ha gustado leer y enseñar, me eduqué y entendí que lo que me estaba pasando no era normal. Principalmente tenía dos hijos, entonces empecé a pensar en mis hijos y yo decía que eso no era normal para ellos, pero también, bueno, habían muchos peros.
Yo no me atrevía a dejar las cosas, porque yo me preguntaba dónde voy a ir con esos niños para que alguien me los abuse también. Entonces mi forma de vivir ese abuso fue haciéndoles saber a mis hijos en que situación vivíamos.
Yo me dejaba abusar a sabiendas de que estaba siendo abusada. Sufría de violencia doméstica y eso no siempre incluye golpes; él nunca me golpeó, pero me hacia sentir sicológicamente …nada..
Me decía: Tu no eres más que una cucaracha que puedo pisar cuantas veces yo quiera y yo creía todo lo que él me decía y me sentía como una cucaracha.
El me decía dónde tu vas a ir, quién te va a a querer, tan fea, tan negra y tan gorda.
Bueno, yo me ponía todas esas cosas al frente y yo decía si todo es así como él dice, nadie me va a querer y solamente él es el que me quiere y por eso tengo que quedarme con él. Todo eso estaba en mi mente siempre y por los casi 20 años que vivi en esa situación.
Lorena: ¿Cómo decidiste o que fue lo que te hizo salir de la violencia doméstica?
María: Bueno, si creo que tuve que pensarlo muy bien porque también hay que hacer un hincapié que yo amaba a ese abusador. Definitivamente yo creí que nadie más me iba a querer, y yo me decía, no puedo dejarlo, no puedo vivir sin él.
Aparte de abusador, yo tenía que trabajar mucho para mantener a mis hijos y gracias a Dios mis hijos hicieron carrera universitaria.Yo trabajé y yo decidí Ok yo vivo una situación de violencia domestica, pero eso no es normal, eso tiene que acabar algún día. No sé cuándo, pero esto va a acabar. Era mi meta que eso se tenía que acabar un día. Yo no sabía cuándo sólo tenía que esperar a que mis hijos decidieran por ellos mismos. Esperé hasta que mis muchachos tuvieran 18 años y hablé con ellos y les dije que me iba de la casa y como ellos conocían la situación, me dijeron mamá tienes toda la razón.
Yo busqué ayuda legal y por orden de un abogado salí de mi casa y entonces me fui a vivir a casa de mi mamá, pero ahí fue donde empecé a sufrir la violencia física.
Este hombre como me estaba separando, me buscaba, me echaba el carro encima, me jaloneaba, me trataba de golpear y me amenazaba. Yo no podía sacar mi nariz fuera de la casa porque él estaba ahí esperándome. Esas historia son tan largas que todavía hoy, que tengo 10 años de no verle la cara y cuando creo que lo escucho, mi corazón… bueno, me pongo tan nerviosa porque le tengo un miedo terrible.
Lorena: ¿Dónde vive él y sabe que estás en Kentucky?
María: Vive en Texas y tenemos 10 años que no nos vemos. Si sabe que vivo en Kentucky, pero ahora mismo estamos divorciados. Finalmente me divorcié de él y no sabe que todavía me causa un pavor, un terror pensar que lo pueda tener al frente de mi un día. Ahora si le tengo más miedo que antes. Por eso te digo, con la violencia doméstica, uno aprende a manejarla, pero eso no se va así de fácil.
Lorena: Pero te viniste por el desierto, ¿Cuéntanos esa parte de tu historia?
María: Yo vine ilegalmente a este país. Caminamos, como muchas historias de inmigrantes, pero yo lo logré.
Lorena: ¿Cómo llegaste a Kentucky?
María: Mi hermano estaba aquí y me dijo vente yo te ayudo a venir.
Lorena: Gracias al apoyo de la familia saliste de la violencia doméstica y ahora María está culminando sus estudios universitarios de “Child Development Education (Educación para el desarrollo infantil). ¿Te gusta lo que estudias?
María: Me encanta. Yo he aprendido mucho porque me he encontrado a mi misma. Bueno, es increíble ver como yo he superado muchas cosas. Al encontrarme a mi misma me di cuenta quién realmente yo era y no me importa tener 50 años, porque ahora mismo siento que estoy renaciendo.
Lorena: Estás haciendo todo lo que realmente quieres hacer. Pero viviste por 18 años con tu esposo, pensando en tus hijos y ahora estás pensando en ti ¿Dónde están tus hijos?
María: Mi hijo es dentista y trabaja en un hospital y tiene su propia oficina. Mi hija es una licenciada, gracias a Dios, trabaja para Petróleos. Mis hijos están realizados y yo estoy casada nuevamente con un señor americano, un santo del cielo y estoy hiendo a la escuela, estoy en la gloria.
Lorena: ¿Hace 10 años no te imaginabas lo que ibas a estar viviendo hoy?
María: No, nunca. Fijate que he confiado siempre en Dios y nunca me he preocupado en mañana, sólo vivo hoy y trato de sacar lo mejor de hoy. Me encanta divertirme y voy a todos los bailes que puedo. Trabajo en la iglesia de voluntaria, hago todo lo que puedo también y te digo, soy feliz.
María, yo te conozco hace tiempo y veo que trabajas muy duro, pero nosotras sabemos que muchas mujeres que están en silencio, que están todavía viviendo en los 18 años que tu viviste, que no ven futuro, que se sienten como una cucaracha como te decia tu esposo ¿Qué les puedes decir a ellas de tu propio corazón. A esa parte de valorarse para tomar el paso decisivo. ¿Qué le puedes decir a ellas?
María: Bueno más que nada que tengan paciencia y esperen porque esto no lo hacen en un día. Muchas veces queremos cambiar el mundo en un día y no se puede, tenemos que tener paciencia y ver lo que estás haciendo cada día por ti misma.
Yo siempre les digo a todas las mujeres:
Mírense al espejo, realmente ponte en el espejo del baño y preguntate a ti misma: ¿De verdad eres lo que él dice que eres? ¿De verdad eres tan fea como él dice? Mirate y pregúntate todo eso que te dice. Mírate de verdad y preguntate si no vales nada. Pregúntate eso y tu misma te vas a dar cuenta que no es así.
Lorena: Gracias al apoyo de tu familia pudiste salir de la violencia doméstica, pero fuiste tu la que decidió no más.
María: Claro, porque cuando tu vienes caminando por el desierto nadie viene contigo, vienes solita y sólo dependes de ti. Porque las personas que vienen a tu lado, cada uno de ellos están viviendo por ellos mismos. Si tu te caes o te sientas a nadie le importa, Así tu tienes que decidir si sales del desierto y ese desierto lo cruzamos todos los días. Aquí mismo en los Estados Unidos.
Lorena: ¿Te refieres a los retos y desafíos que pasamos todos los días los hispanos?
María: La hermana Juana (Cristo Rey) algunas veces me ha llevado a hablar sobre mi experiencia como inmigrante y yo les digo a todas las personas: Cada día que amanece, que me monto en mi carro, es como empezar a caminar por el desierto, porque en una esquina puede inmigración tomarme y ponerme de regreso. Hay tantos retos en un día.
María prometió contarnos otro día la historia completa del desierto, pero hoy aprendimos el por qué se armó de valor para cruzarlo y encontrar en Kentucky su felicidad.
Por: Verónica Escribano
Desde Panamá
Mujeres sin Fronteras
El sueño de toda mujer es casarse de blanco y por la ley de Dios. Ante él juramos amor eterno, respeto y fidelidad hasta que la muerte nos separe. Esta etapa es una de las más lindas en la vida de una mujer. Son escalones en los que uno avanza y que llegan en el momento preciso, cuando Dios así lo dispone.
Ya yo alcancé ese peldaño y puedo decir que tengo cuatro años de ser una mujer felizmente casada, con un hijo maravilloso que llegó a multiplicar nuestra felicidad por 100. En mi matrimonio todo es maravilloso (nuevamente, gracias a Dios). Cuando tenemos algún tropiezo nos sentamos a dialogar sobre el tema hasta llagar a un acuerdo. Con mi madre aprendí que la comunicación es la base del hogar.
La verdad es una sola: mi esposo es el pilar fundamental de mi vida. Hombres como él son únicos: tierno, cariñoso, amable, pasivo y “súper amoroso”. Es mi mejor amigo, siempre está allí para escucharme cundo lo necesito. ¡Aquí en Panamá muchos dicen que me encontré una especie en peligro de extinción! Por favor, no se rían. Los panameños nos inventamos cada cosa y para todo usamos refranes muy autóctonos.
Al observar a mi esposo y reflexionar sobre la incidencia de casos de violencia doméstica en Estados Unidos y Panamá realmente me asusto. No logro comprender como un hombre es capaz de destruir por completo las ilusiones de una mujer que se casa enamorada. Manchar de esta manera ese vestido blanco con que la llevó al altar; destruir ese juramento de amor y respeto; mancillar por completo la pureza del sagrado sacramento del matrimonio. ¡Eso es imperdonable!
¿Cómo es posible que todo lo que empezó tan lindo se convierta en una pesadilla? ¿Cómo es posible que lo que antes era alegría hoy se transforme en tristezas y todo lo que era rosa se torne oscuro? ¿Cómo es posible que quien jura amor eterno, respeto y fidelidad se convierta en un monstruo que miente y golpea? Yo me hago todas esas preguntas porque he sido testigo de sucesos semejantes.
En carne propia describo hoy el maltrato que mutilaba la autoconfianza de mi gran amiga “Rosenda”. Así como a ella me ha tocado ayudar a muchas. Lo cierto es que en todas se repite la misma historia. “Hoy me golpeó porque tardé en llevarle un vaso con agua… me arrastró por toda la casa y luego me propinó con la golpiza de mi vida… pensé que me iba a matar”, me dijo llorando mi amiga.
Indignada le pregunté __ ¿Hasta cuándo vas a seguir aguantando…mujeeeeeeeeer? Es que no te das cuenta de la vida tan miserable que llevas al lado de ese mal hombre … ¿Qué esperas para alejarte? … ¿salir de tu casa en un ataúd? “Por favor, Rosenda, ten dignidad y quiérete a ti misma… no dejes que él acabe con lo poco que queda de ti. No olvides que tú vales mucho. Recuerda siempre que eres una mujer luchadora y trabajadora que podrás salir adelante. Por favor, da el primer paso: salte de ese infierno, huye de esa cárcel”, le reiteré por enésima vez.
Con lágrimas en los ojos me responde, “él no quiso pegarme yo soy la culpable de todo, tengo que hacer las cosas como él quiere para que no se enoje, el siempre me pide perdón y me jura que no lo volverá hacer pero soy yo quien lo provoca… yo soy la única culpable. Aunque me pegue, él me quiere … es mi esposo y tengo que estar a su lado; yo se que él va a cambiar”. ¿Se dan cuenta? …baja autoestima y complejo de culpabilidad; dos indicadores comunes en la gran mayoría de los casos. La mujer acepta el problema, se convierte en parte y no se atreve a salir.
El maltrato sicológico del que mi amiga ha sido víctima durante todos estos años es tan trágico que ella tiene justificación para cada uno de los golpes. “Soy la culpable de todo, por eso él me maltrata”, esa frase ya era como su lema.
No se cómo una mujer que vive sometida bajo golpes e insultos puede soportar tanto y no atreverse a denunciar. Pero, (como decimos en Panamá) ese día “cayó la última gota que derramó el vaso”… me armé de valor y juré que esa sería la última vez que de su boca salía el mismo relato. Empecé una campaña personal y me propuse abrirle los ojos.
Día a día recibía mis llamadas. Le recordaba lo valiosa que era y lo capaces que somos las mujeres de salir adelante sin la ayuda de un hombre. “Amiga abre tus alas y explora ese mundo que está aguardando por ti, sal y descubre lo maravilloso que es la vida sin golpes ni humillaciones”, le repetía a cada instante. No quiero que tu nombre incremente el índice de mujeres que mueren en manos de sus agresores.
Las estadísticas no me dejaban mentir. Hice un resumen de lo que había escuchado y leído en las noticias locales durante las últimas semanas. En el 2008, 42 mujeres perdieron la vida por la violencia doméstica en Panamá; en el 2009 la cifra ascendió a 80 y en el 2010 ya se han registrado 34 víctimas, de las cuales 25 han muerto a manos de su pareja, cónyuge o ex esposo. Indudablemente, una realidad lamentable.
Lo que pasa en mi país sucede en todas partes del mundo. Es como una enfermedad viral sin remedio, en la cual solamente surte efecto un tratamiento para calmar las molestias. Si la víctima no actúa ni busca ayuda difícilmente podrá salir adelante. Pero, creo que nosotras mismas podemos hacer la diferencia.
¡Mujeres valórense!
__No permitan que nadie las maltrate ni les robe el alma.
__Salgan de ese mundo turbio en el que se encuentran sumergidas.
__Denuncien a su agresor y atrévanse a triunfar. Un mundo nuevo las espera, sin golpes, gritos ni humillaciones.
__Empiecen a creer en ustedes mismas.
__Renuncien a ese ser maligno con quien viven; ese “tropezón” de la vida que no las deja superarse. Ya verán que a partir de ese día todo cambiará para ustedes porque Dios empezará a labrar un nuevo camino donde todo será triunfos y alegrías.
¡Mujeres, libérense!
__Rompan las cadenas porque la época de la esclavitud ya pasó. Una esposa es una joya, una compañera, una amiga. No es una sirvienta.
__Nosotras tenemos una misión especial en este mundo. Nacimos para ser triunfadoras, ser esposas y madres felices.
__Tenemos derecho a ser tratadas con dignidad y respeto. No debemos permitir que nuestras propias parejas manchen la pureza de ese vestido blanco que conservamos como un tesoro porque es el recuerdo de aquel bello momento en que entramos al altar.
__Recuerda que no importa cuántas veces caigas lo importante es levantarse.
Cuando esto pase hay que armarse de valor e inspirarse en el ave fénix que renace entre las cenizas. Mujer, continúa luchando. Mujer, motívate a vivir una nueva vida. Mujer, rompe con las cadena de la violencia en tu hogar y no permitas que sigan manchando el vestido blanco.
El estigma de la violencia doméstica
-No todas las historias de amor tienen finales felices-
Cuando recibí la e-card de agradecimiento de Lorena Mora-Mowry por la cobertura del primer diálogo de mujeres latinas sobre violencia doméstica me puse a pensar seriamente. Observaba cada detalle y la delicadeza con la cual mi gran amiga y colega tomó parte de ese artículo publicado y lo “montó” en una bella plataforma con colores pasteles. Ese tono verde con aquellas “florecitas” era tan radiante como mi vida y mi hogar. Me acordé de las veces que mi esposo me sorprende con flores, me da un beso muy tierno y me dice cuánto me ama. Me acordé de la historia de amor de la película Titanic (1997), de la boda de la periodista Leticia Ortiz y el príncipe Felipe de Borbón y hasta del pato Donald y su amada Daisy. Pero, cuando “aterricé” decidí meditar sobre la vida de aquellas mujeres que no tienen el mismo color verde ni las blancas florecitas que diseñó Lorena; aquellas que no son Elvia Skeens, Kate Winslet en el personaje de Rose DeWitt Bukater, ni la multicolor Daysi tomada de la mano de Donald en un parque de Disney.
Por dos minutos cerré mis ojos y quise ocupar el lugar de alguna mujer que, en ese preciso instante, estaba bajo el “yugo” de manos o palabras que lastiman. Regresé a tierra e intenté ser adivina porque, esta vez, mi maravilloso hermanito “Google” no me resolvió. Quería tener el número exacto de cuántas mujeres en el mundo atraviesan por la terrible experiencia de violencia intrafamiliar. Por más que me desesperé, en el momento comprendí que esa cifra era imposible de adivinar. Sin embargo, no era difícil definir el drama que las vincula porque el abuso físico o verbal arruina las ilusiones, tritura la autoestima y deja cicatrices emocionales que no se curan con medicamentos. ¡Muchas veces ni las terapias funcionan al 100%!
Todo esto vino a mi mente después de reflexionar sobre el contenido de mi noticia, la diagramación de la historia y la forma tan especial como Lorena transformó ese trabajo periodístico que hablaba sobre el tema.
En esas mismas fotografías que ilustraban mi artículo había un gran contraste. Esta vez no se trataba de las florecitas, el color verde, ni el cuento de hadas que vivió la actual princesa de Asturias. Por un lado un grupo de mujeres sonrientes ante el lente de mi cámara y, por el otro, una madre que sin saberlo, inmortalizó una expresión. Nunca olvidaré ese instante en que ajusté el “zoom” y capté cuando María del Rosario Cabrera, armada de valor, expuso su caso ante el círculo “Entre Mujeres” que, precisamente, nació ese mismo sábado 10 de julio de 2010 en el Centro Hispano Su Casa. Esta extraordinaria mujer es una víctima de violencia doméstica que rompió con el ciclo, se hizo independiente, luchó por sacar adelante a sus hijos y retomó su vida…se atrevió a decir “hasta aquí…ya basta”. Ahora quisiera ayudar a que otras mujeres destrocen esas cadenas y digan lo mismo.
En el momento que tomé esa fotografía vi como los labios de María del Rosario temblaban mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Recordar para ella no era nada fácil ni agradable; no obstante, describió su experiencia y demostró que las mujeres somos capaces de lograr todo cuanto queremos, sobre todo cuando se trata de valores como la autoestima, la dignidad y el respeto a la familia.
María __ ¿Puedo narrar parte de su historia en mi noticia? ¿Me da permiso de utilizar una fotografía que le tomé mientras hablaba? __ le pregunté. Esta valiente mujer simplemente me dijo “sí, no tengo ningún inconveniente … quienes me conocen saben lo que viví”.
De ese diálogo salí con una visión bien definida: si estamos en la comunidad y sabemos de casos de violencia doméstica tenemos la responsabilidad moral de ayudar. Al entrevistar a Lorena me di cuenta que compartíamos el mismo punto de vista.
En la comunidad hay muchos centros de ayuda; pero nosotras, quienes tenemos la bendición de ser más fuertes, necesitamos unirnos para servir de puente entre las víctimas y las organizaciones de asistencia. Urge dar seguimiento y verificar que cada caso referido continúa el proceso. En los Estados Unidos las víctimas de violencia doméstica, sin importar el estatus migratorio, están protegidas por derecho bajo la Ley de Violencia contra la Mujer (Violence Against Women Act, VAWA)
Si, de casualidad, usted que me está leyendo atraviesa por una situación semejante o conoce a alguien que se está “marchitando” por golpes o insultos, creo que ha llegado el momento de dar el primer paso: busque ayuda. “El que maltrata a una nos maltrata a todas”; este es lema de la más reciente campaña contra la violencia doméstica aquí en Cincinnati. ¡Hay que luchar porque más mujeres como María del Rosario se unan a la lista y el día de mañana sean motivo de inspiración para muchas de mis historias!
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Copyright © 2010 Elvia Skeens | All rights reserved | Unauthorized Reproduction Prohibited
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Para leer el artículo de la Elvia Skeens “Circulo de mujeres latinas dialoga sobre violencia doméstica¨en el perídico La Jornada Latina (virtual), siga este enlace http://issuu.com/tsjmedia/docs/ljl_cin_jul16 - buscar página 8.
Para conocer más sobre la campaña haga click en Comunidad de Cincinnati unida en contra la violencia doméstica.
Si necesita ayuda en Cincinnati, favor llamar a Sophia Kostoff de la Alianza de Mujer Inmigrante al 513-361-2150 * Habla español o a la línea local de protección (513-872-9259).
Latinas sobrevivientes de violencia doméstica encuentran una manera de independizarse y mantener a sus familias para salir adelante
Cortesía de López Negrete Communications
Una de cada tres mujeres sufre o ha sufrido violencia doméstica en el mundo, y aproximadamente una de cada cuatro en los Estados Unidos, de acuerdo con la Línea Nacional de Violencia Doméstica.
Este alarmante número es una realidad de la cual muchas de ellas no pueden escapar o simplemente no saben cómo. Por esta razón, las historias como la de Digna Urbina pueden ser de una gran inspiración para muchas mujeres que están pasando por esta circunstancia, ya que pueden servir como una guía y una lección de vida.
Urbina es sobreviviente de violencia doméstica: era víctima de violencia verbal, física y sicológica por parte de su ahora ex esposo. Digna estaba sola en este país, sin familia; por esta razón puede comprender la necesidad de ayuda que tienen las mujeres que están pasando por esta situación. A Digna le complace ayudar a otras mujeres de una manera positiva, y siente que ella es un instrumento para que otras mujeres que han pasado por experiencias semejantes vean que hay opciones para superarse. Una de las vías que encontró para motivarlas e interactuar con ellas fue comprometiéndose con la compañía Mary Kay. Al relacionarse con mujeres como ella en su negocio, Urbina no solo puede darles una mano, sino que puede ayudarlas a sentirse mejor con ellas mismas al mismo tiempo que se desarrollan en una carrera.
La filosofía y la ayuda que Mary Kay –que ha donado más de 22 millones de dólares a centros de ayuda de mujeres maltratadas en los últimos 10 años– ofrece a las mujeres en su situación, es algo de lo cual ella se siente orgullosa. “Para mí, el logro más importante en mi carrera es que con mi ejemplo de romper barreras, otras mujeres también han logrado alcanzar sus metas. Eso para mí es un regalo.”
La fuerza de voluntad de Urbina y su historia de supervivencia de violencia domestica, combinadas con las oportunidades de independencia económica que Mary Kay ofrece para las mujeres por medio de sus negocios, es algo que debe de servir de ejemplo. Toda mujer latina tiene una fuerza interna que la hace luchar por sus hijos, esa es la energía que debemos canalizar para aprovechar las oportunidades. Digna Urbina y su actual esposo, quien la respeta y apoya en su negocio, pronto tendrán su primer hijo, fruto del amor de ambos.
Comunidad Unidad contra La Violencia Doméstica - El que lastima una, nos lastimas a todos.
Fuente: Sociedad de Ayuda Legal del Suroeste de Ohio
Si usted es una víctima de violencia doméstica, existe la posibilidad de que obtenga estatus legal en los Estados Unidos. Existen leyes para brindarle protección y para favorecer la denuncia de la violencia doméstica. La mayoría de esos recursos de inmigración también le ofrecen la posibilidad de obtener estatus legal para sus hijos.
Un recurso disponible para las víctimas de violencia doméstica es la visa U. La visa U es una opción que pueden utilizar las personas indocumentadas que han sufrido abuso físico o mental como consecuencia de delitos graves. La víctima debe denunciar el delito a la policía y debe poder obtener una certificación de que colaboró en la investigación. Además, el delito debe haber violado las leyes de los Estados Unidos o debe haber ocurrido en los Estados Unidos. Es una opción que no solo está disponible para víctimas de violencia doméstica, sino también para víctimas de delitos como agresión, secuestro o robo. Cuando se otorga una visa U, la víctima recibe una visa por un período de 4 años y una tarjeta de autorización para trabajar. Al finalizar el plazo de 4 años, la víctima puede cumplir con los requisitos para obtener la residencia legal permanente.
Otro recurso disponible para las víctimas de violencia doméstica es una auto-petición. Para cumplir con los requisitos para una auto-petición, la víctima debe estar casada con un ciudadano de Estados Unidos o con una persona que sea residente legal permanente. Para utilizar este recurso de inmigración, debe demostrar que ha sido víctima de violencia doméstica, que ha vivido con su cónyuge y que tiene buena conducta. Cuando se otorga una auto-petición, la víctima recibe la residencia legal permanente. Este estatus normalmente se otorga por un período de diez años y generalmente se puede renovar.
Si su cónyuge tiene la ciudadanía estadounidense y ya presentó una petición en su nombre, es posible que usted tenga lo que se denomina “residencia condicional”. Si usted es víctima de violencia doméstica y tiene la residencia condicional, es posible que se puedan eliminar de inmediato las condiciones para que obtenga la residencia, sin la ayuda de su cónyuge. Para hacerlo, deberá demostrar los mismos elementos que se requieren para la auto-petición.
Si tiene dudas acerca de su estatus de inmigración o si cree que cumple con los requisitos para uno de estos recursos, por favor llame a la Sociedad de Ayuda Legal del Suroeste de Ohio (Legal Aid Society of Southwest Ohio) al teléfono (513)241-9400. Podrá hablar en español con nuestros asistentes legales. Todo lo que nos diga será totalmente confidencial.
Para mayor información, favor contactar a Sophia kostoff, Coordinadora de la Alianza de la Mujer Inmigrante al 513-361-2150 o skostoff@ywcacin.org
Campaña organizada por la Iglesia Hispana San Carlos Borromeo con el apoyo del Centro Hispano Su Casa, Alianza de la Mujer Inmigrante, períodico La Vanguardia Hoy y Mujer Latina Today e-Zine.
El que lastima a una, lastima a todos en la comunidad
La Violencia Doméstica está en contra de la ley
Por Sophia Kostoff
Alianza de Mujer Inmigrante
513-361-2150 * Habla español
¿Qué es la violencia doméstica?
Cualquier tipo de abuso físico, sexual, emocional, económico, aislamiento o intimidación que sufres por parte de su pareja. Todas mujeres tienen el derecho a ser libre y vivir fuera del abuso.
El que lastima a una, lastima a toda la comunidad, especialmente a los niños.
¿Es esto un crimen?
La violencia doméstica es un crimen cuando una persona conscientemente causa o intenta causar daño físico a la familia o un miembro del hogar.
¿Quiénes son las víctimas?
La violencia doméstica se produce a través de todas las líneas de raza, género, cultura, nacionalidad, orientación sexual, clase social y edad. Cualquiera puede ser víctima de violencia doméstica. La mayoría de las víctimas son mujeres
¿De quién es la falta?
¿Qué acciones legales pueden tomar las víctimas?
Las víctimas pueden presentar cargos contra sus abusadores. Las víctimas pueden solicitar una orden de protección. Defensores legales en los refugios y defensores de las víctimas en las oficinas de los procuradores están aquí para ayudar.
Si eres una víctima de la violencia doméstica u otro tipo de crimen, y tu ayudas en el juicio y condena de su abusador, puede ser candidato por el status migratorio legal. Llame a Legal Aid Society y pregunta por Teresa (ella habla español) para responder tus preguntas al 513-362-2783.
¿Qué pasa si las víctimas no están seguras que hacer? :
Llame a la línea local de protección (513-872-9259).
Víctimas pueden confiar en un miembro de la familia o un amigo.
Víctimas pueden contactar a una agencia comunitaria de recurso derivación a un especialista o aconsejara.
Derechos y Remedios Estatales Para Mujeres Inmigrantes Abusadas
¿Cómo buscar ayuda?
Aunque no tengas estatus de inmigración en este país o si tu estatus de inmigración está conectado al visado de trabajo de tu abusador, puedes obtener los siguientes servicios en tu estado:
¿Sufres de Violencia Doméstica?
Esa pregunta se les hizo a cuatro Latinas durante la Conferencia Nacional de Violencia Doméstica celebrada el pasado sábado 24 de abril en Cincinnati.
La historia de una mujer de México que por 20 años sufrió violencia física y verbal, pero que aunque pudo salir de ese ciclo de violencia y comenzar una nueva vida, sin embargo ahora se encuentra que sufre otro tipo de maltrato; el emocional. Su interés de participar en la conferencia era para aprender cómo puede ayudar a su hija de 25 años y a su sobrina de 18 a salir de la violencia doméstica en que se encuentran en México.
Tres hermanas de Guatemala comparten la historia de un padre violento que golpeaba a su madre y cómo una de ellas, hasta hace poco era golpeada por el esposo porque le disgustaba lo que ella decia.
Para escuchar sus historias, favor pulsar PLAY.
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