No hay mujer que piense que su vida es como una telenovela y de seguro que si lo será, pero algunas de nosotras pensamos que somos nosotras las que hacemos la vida como una telenovela.
Quién no se ha enamorado del chico equivocado o ha sido traicionada y se ha encontrado con miles de obstáculos: todas, y eso no es ninguna telenovela, es la vida.
Desde niña se nos ha enseñado a seguir adelante, sea como sea. Si se nos lastima o si sufrimos una decepción amorosa, muchas nos encerramos por tres días y lloramos desconsoladamente hasta que se nos acaban las lágrimas y al cuarto día, volvemos a salir, llenas de valor a luchar otra vez.
Eso es culpa del complejo de Julieta - diría mi amiga - somos fatalistas y nos encanta hacer una telenovela de todo, y muchas se olvidan que pueden ser tan astutas como Rapunzel y tener un plan para escapar del drama de sus vidas.
Lamentablemente, la semana pasada no encontré un plan tan astuto como el de las trenzas de Rapunzel ni el antídoto de Julieta para evitar hacer de mi vida una telenovela titulada ¨La verdad de verdad duele”.
Lo bueno de las telenovelas es que siempre tienen un comercial cuando hay momentos de suspenso, tal y como: Tu no eres el hombre que amo, mi corazón le pertenece a ….. y de inmediato empieza el comercial del jabón para ropa que quita las manchas en un instante.
Eso fue lo que esperaba cuando mi amiga me dijo: Lorena, has aumentado mucho de peso, estás más g….. Pero nada, ni un comercial de lavaplatos ni de toallas sanitarias, sólo se escuchó un breve suspiro y como lo cortés no quita lo valiente, le respondí con un sonido entremezclado con un dolor indefinido: Si estoy más gorda.
Definitivamente hay personas que se pasan la vida diciendo cosas sin pensar y como lo dicen sin pensar, sufren de una pérdida de la memoria que los hacen inmunes a futuras represalias.
Su comentario me dolió tanto, que ahora puedo decir que la verdad de verdad duele. Aunque es verídico lo que me dijo, la honestidad choca, y es por eso que decidí investigar si la verdad es de verdad la verdad.
Generalmente no decimos: Ese vestido te queda horrible o ese peinado se te ve fatal. Al contrario, decimos: Ese vestido se te ve tan bonito o que bonito está tu peinado.
¿Cierto? - Las mujeres decimos una verdad a medias o una verdad suavizada a punta de mentiras piadosas.
De acuerdo al psicoterapeuta Brad Blanton y fundador del movimiento Honestidad Radical, “ Todo sería más fácil si dejáramos de mentir y si decimos la verdad todo el tiempo” sin “filtros en nuestros cerebros y labios, y lo que se piensa hay que decirlo.”
Para Brad, ser honestos nos ayudaría ahorrar tiempo y a “transformar nuestras vidas simplemente diciendo la verdad.”
Pero, ¿Quién necesita ahorrar tiempo y transformar la vida diciendo la verdad?
Nadie.Yo prefiero ni ser radicalmente honesta ni vivir haciendo una telenovela de cada situación. Si de verdad la verdad duele, prefiero respirar - tal y como si fuera un comercial de suavizante de verdades - y responder con la cortesía que sólo tienen las valientes.
Pero honestamente, con que ganas me gustaría usar el lazo mágico de la verdad de la Mujer Maravilla para obligar a decir la verdad a unos cuantos y después hacerles perder la memoria.
Giancarlo Guerrero visita a Cincinnati como director invitado para dirigir la Cincinnati Symphony Orchestra en el Winter Enchantment.
Giancarlo Guerrero nació en Nicaragua, creció en Costa Rica y comenzó a dirigir orquestas en Venezuela.
Giancarlo Guerrero actualmente es el director de la Nashville Symphony Orchestra y durante su visita conocimos de sus comienzos como director de una banda de mariachis y de las oportunidades que se le abrieron gracias a José Antonio Abreu fundador del Sistema Nacional de Orquestas de Venezuela.
Para escuchar la entrevista completa favor pulse en PLAY.
Para conocer sobre este evento puede visitar a www.escapelatino.com
La vida es una telenovela y ahora los republicanos tienen su propia ¨Days of our Lives.”
Mucho de los episodios de las telenovelas tienen su contraparte en la vida real. Muchas de nosotras conocemos de historias de mujeres que salen embarazadas y sus novios no se quieren casar o si se casan, lo hacen no por amor, sino para cubrir las apariencias.
¿Cuántos novios o esposos han estado en la cárcel por manejar ebrios?
Los republicanos ahora son parte de una telenovela basada en la vida real. De igual forma se pregunta Pedro Sevec de Yahoo Telemundo: ¿cómo que esta embarazada la hija de 17 años de la aspirante vicepresidencial?, pero que es esto, ¿el libreto de una novela de Telemundo?
En tan solo una semana, hemos visto como Sarah Palin, la chica bonita del pueblo, fue citada por pescar sin licencia; que tiene un esposo preso por manejar ebrio; que está siendo investigada por haber destituido al comisionado de salud por no haber botado a su ex cuñado de la policía y que su hija de 17 años esta embarazada.
Después de escucharla en la convención, Sarah la madre y futura abuelita, la gobernadora y candidata a la vicepresidencia de los Estados Unidos, se convirtió en Sarah la Barracuda.
Definitivamente la vida es una telenovela. No deje de ver los próximos capítulos de “Sarah la Barracuda”.
Desde nuestras cocinas y entre lagrimas y suspiros, las latinas vimos con mucho entusiasmo la convención demócrata en Denver.
Estoy segura que todas terminamos inspiradas por las palabras de Michelle y por el liderazgo que emana de Hillary.
Se acabó la convención, ahora es que empieza la campaña y los lideres demócratas van a liberar una lucha ¨Casa por Casa¨ para obtener votos hispanos para el Senador Obama.
¡Qué excelente oportunidad para que nos conozcan!
Somos mujeres con una mezcla de rostros de veintidós diferentes matices, nos une el idioma y esa obstinada lucha para obtener mejores empleos, salarios y una mejor educación para nuestros hijos.
Si Michelle y la Senadora Hillary deciden visitar nuestra casa, las estaremos esperando, ya que estoy segura que tendremos mucho de que hablar.
No se preocupen, tendremos paciencia, porque sabemos que tienen que visiar a más de un millón de hogares de nuevos votantes latinos.
Pero estaremos listas, por si acaso nos toca ponerle más agua a la sopa.
Sentadas a la orilla de las bellísimas playas de Morrocoy, al noroeste de Venezuela, un grupo de amigas disfrutábamos, bajo unas largas y esbeltas palmeras, el maravilloso sol que nos calentaba desde lo alto del cristalino cielo azul.
“En las playas definitivamente el mundo se ve desde otra perspectiva” - les decía a mis amigas mientras me acomodaba mi traje de baño de faldita, que seguramente sólo esta de moda en Cincinnati, y me colocaba más crema protectora debajo de mi gran sombrero de paja. - “Nos sentimos contemporáneas, inteligentes y con una visión diferente de la vida.”
¡Claro Lorena! - me dijo una amiga con una gran sonrisa – pero la realidad es que cuando regresamos a casa perdemos esa mágica sensación de contemporaneidad, de libertad y de independencia que todas sentimos en la playa para caer en la rutina que nos envuelve y que nos asfixia.
Sonreí por su comentario mientras la trataba de ubicar detrás de mis grandes lentes, del sombrero y de la gigantesca sombrilla que celosamente me protegían del ardiente sol.
Si tienes razón – le comenté – sería bueno que nos lleváramos unas cuantas palmeras, un montón de arena y una grabación del mar para que nos mantenga con el espirítu y fuerza de la mujer actual y luchadora.
Con esa sensación de contemporaneidad, me sentía súper feliz en la playa, y lo mejor de todo es que podía respirar profundamente el aire del mar sin el temor que estallara algún botón. Valió la pena estar a dieta, pensé,ya que todo me queda bien. Me sentía como una chica vibrante y moderna, con claros objetivos en mi vida y con una seguridad que sólo lo logra la mujer que ha luchado sin darse por vencida.
Me levanté, me quité mi gran sombrero y decidí enfrentar el mar con la fuerza que me inspiraba sus fuertes olas. Me metí en el tibio mar caribe y de pronto, por estar viendo como una chica vestida muy a la moda con un traje de baño hilo dental, me llegó una ola enorme me revolcó en la arena, me hizo tragar agua y me mandó al fondo del mar. A regañadientes, salí del mar sin la horrible faldita de Cincinnati y con la sensación de haber sido castigada por darme de muy contemporánea.
¡Pamplinas! – pensé en voz alta - mientras me quitaba la arena, me ponía nuevamente la faldita, el sombrero, la sombrilla y la crema, para protegerme del sol y me quedé con una triste sensación de que me estoy poniendo vieja.