Judge Mary Jane Trapp talks to Ohio Latino Community
Judge Mary Jane Trapp, candidate to the Ohio Supreme Court of Justice talks to Lorena Mora-Mowry about the issues that matter the most to the Ohio Hispanic / Latino community. To listen to this podcast, please click Play,
Candidate for Lt. Governor Yvette McGee-Brown Talks to Ohio Latina Women
Candidate for Lt. Governor Yvette McGee-Brown Talks to Lorena Mora-Mowry about the issues the matter the most to the Ohio Latina Women. To listen to the interview, please click PLAY.

Las Mujeres Agridulces

Posted By: Lorena Mora-Mowry on July 1, 2008 in Mujer Latina - Comments: No Comments »

Por Lorena Mora-Mowry

Mi grupo de amigas y yo decidimos reunimos para celebrar 20 años de amistad y para hablar de cómo nos había tratado la vida.

Quedamos en encontrarnos en un café, pero a último momento me llamaron para decirme que era mejor reunirnos en un restaurante chino. ¿Restaurante Chino? - repetía nerviosamente mientras recordaba la mancha indeleble que me había quedado en mi vestido favorito por el inadecuado uso de los palillos chinos.

Todas mis amigas son profesionales, súper independientes y simpáticas, muchas de ellas tienen años de casadas. Este año, por casualidad, nos vamos a poder reunir todas después de tantos años. Siempre las recuerdo con mucho cariño por los innumerables momentos que compartimos juntas; todas, de una forma u otra, influenciaron en mi vida e hicieron de mi lo que soy hoy.

Que gran sorpresa me llevé cuando al llegar al restaurante, las vi. a todas sentadas esperándome con una amplia sonrisa. “Nada mejor que un restaurante chino para hablar de nuestras vidas”, me dijo una amiga mientras me abrazaba fuertemente. Sorprendida por su comentario, le respondí su abrazo mientras pensaba que para mi hubiese sido mejor comer en una Arepera.

Mientras me tomaba el tercer té negro, pude darme cuenta de la simpleza de mi apariencia y sin pensarlo dos veces les pregunté por el número de teléfono del peluquero al cual frecuentaban; todas tenían el cabello con rayitos rubios (highlights) y se veían como si fueran un grupo de rockeras con mucho sabor y energía.

Entre té y té hablamos de nuestras vidas, cuando de pronto empecé a sudar, no se si sería por el exceso de té que tomé o porque una amiga empezó a hablar de su matrimonio y como había perdido el tiempo tratando de cambiar a su esposo, lo cual fue en vano. No vale la pena cambiar a los hombres – dijo con una gran sonrisa – ese afán de la mujer por cambiar a los hombres es una gran pérdida de tiempo porque ellos nunca van a cambiar. Asentí con una sonrisa su comentario, ya que por años he tratado de colocarle un cubito de sabor latino a mi marido y de milagro baila salsa.

La conversación se hizo más interesante cuando una de ellas declaró, como si fuera un decreto solemne: Los esposos con el tiempo se vuelven poco interesantes.

 Asombrada por este debate de los sexos sin tener a la contraparte masculina para defenderse, me armé de valor y les pregunté: ¿Pero quién los vuelve así o los hace así? – ¿No será que nosotras los hemos vuelto así?

Decidí tomarme otra taza de té, mientras todas mis amigas respondían que eran libres de culpa, y una, en un tono medio enfermo, dijo: El matrimonio me ha enfermado, tengo un dolor de cabeza que me viene antes de la menstruación, durante la menstruación y después de la menstruación, sin contar los días que me duele el vientre, y los días de mal humor. Todas nos miramos con un gesto de solidaridad pero, sin decirlo, todas estuvimos de acuerdo que no era para tanto. Yo tímidamente le respondí que era mejor ir al médico o sentarse con el esposo para ver que era lo que realmente la enfermaba.

Seguimos conversando sobre matrimonios, sobre las miradas que silenciosamente se le hacen al marido para que haga algo que ya se le ha dicho más de una vez, o de la infinidad de quejas debido a la falta de ayuda en los quehaceres  domésticos.

Escuchar a mis amigas era como escuchar a miles de mujeres en el mundo, todas unidas comiendo en un restaurante chino por una causa común, ¡nos hemos vuelto Mujeres Agridulces! ¿En qué momento el marido dejó de ser interesante?¿Es esto lo que esperabamos del matrimonio?¿Qué nos ha vuelto amargas para unas cosas y dulces para otras?

De pronto entendí el por qué nos habíamos reunido en un restaurante chino, y es que nos hemos vuelto como los platos agridulces, especialidad de la comida mandarín, por un lado dulces pero por el otro agrias. El asunto de todo esto es saber como podemos dejar de ser así, si todavía no hemos aprendido, ni siquiera, a usar esos benditos palillos chinos.



Para finalizar la reunion con mis amigas, le comenté a todas sobre mi descubrimiento por lo que decidimos brindar con otro té negro. ¡A nuestra salud! 

No te des por vencida

Posted By: Lorena Mora-Mowry on June 1, 2008 in Mujer Latina - Comments: 2 Comments »

Por Lorena Mora-Mowry

Nada mejor que comenzar el mes con un mensaje optivista para todas aquellas mujeres que necesitan sentir que no están solas en su eterna lucha por ser escuchadas y valoradas o simplemente, que sienten que no se les ha dado la oportunidad de mostrar lo capaces que son.

Si te sientes derrotada y no quieres seguir adelante, te pido que siempre recuerdes las sabias palabras del escritor F. Scott Fitzgerald: “Nunca confundas una simple derrota como una derrota final.”

Entonces, ¿Qué esperas para levántarte, límpiarte las lágrimas y empezar este mes con la misma fuerza y entusiasmo que te caracteriza? Recuerda, las mujeres no podemos darnos por vencidas tan fácilmente, tenemos muchas cosas todavía por hacer.

Mujer Atrevéte, tu puedes lograr tus metas

Posted By: Lorena Mora-Mowry on May 24, 2008 in Lorena Hoy, Mujer Latina - Comments: No Comments »

Por Lorena Mora-Mowry

“Lograr nuestras metas parece difícil, pero no lo es. El logro de las metas es más sencillo de lo que parece, solo hay que desearlo, llenarlo de pasión, energía positiva y tomar la acción necesaria. Asi lo señala Maya Valle en Cómo lograr tus metas en La Opinión Digital

En su artículo Maya recomienda, como primer paso, descubrir quién eres y una vez que lo sepas, “puedes comenzar a construir tus metas” (ya que) “estás destinada a la grandeza, pero te la tienes que creer.”‘

Estoy de acuerdo con Maya con esas palabras bonitas de construir metas, pero sus palabras no pasan de ser unas palmaditas en la espalda o la aspirinita para quitarnos el dolor de cabeza.

Las mujeres necesitamos también palabras concretas, sencillas y eficaces que nos motiven para llegar a ese destino lleno de grandeza.

No creo que se trate de no saber quienes somos, al contrario lo que necesitamos saber es adónde vamos; es trazarnos un mapa y seguirlo sin desviarnos. Es subirnos las mangas y empezar a luchar por nuestro futuro y derrumbar los obstáculos en el camino y las limitaciones que nosotras mismas nos ponemos en nuestra mente.

Si cree que soy una experta en la materia, estás leyendo el artículo equivocado. De mi no esperes consejitos bonitos ni palmaditas en la espalda, al contrario, después de dos años escribiendo en Mujer Latina Blog, puedo decirte que por fin he podido descifrar los tres primeros pasos para lograr que nuestros “sueños” no se queden en cuentos de hadas sino que se hagan realidad.

Pasos iniciales para lograr tus metas

1. Verifica la talla de tu sostén – Deja de pensar que “si aguantas un sostén aguantas todo.” Si lo usas muy pequeño no te va a deja ver otras posibilidades en tu vida y si lo usas muy grande, no te va a dar la seguridad o el soporte que necesitas para salir adelante con tus planes que te has trazado en el mapa de tu vida.

2. Deja de vivir como si estuvieras en neutro: Toma control del volante de tu vida y deja de vivir “sin pensar mucho, dejando que la vida transcurra solita, sin detenerte a contemplarla ni disfrutarla.”

3. Valora tu voz y no seas victima de tu silencio. Tu silencio duele. Recuerda, “Todo en la vida tiene solución y somos mujeres del nuevo milenio donde las leyes nos protegen y las oportunidades existen.” Edúcate, intégrate a la comunidad y vas a empezar a ver cómo tu voz puede cambiar tu vida y la vida de los que te rodean.

En otras palabras, usa el método Piedra , Papel y Tijera, 1,2,3

1. Vuélvete como una Piedra y atrévete a lanzarte a dar el primer paso para lograr tus sueños y en cuanto a tus planes que sean sólidos como una piedra y no tengas miedo porque “El gran error que puedes hacer en la vida es estar continuamente temiendo cometer uno.” Palabras sabias del filosofo Elbert Hubbart.

2. Traza en un Papel tu mapa a dónde quieres ir y escribe lo que necesitas hacer para lograrlo. Se perseverante y recuerda, tienes que estudiar o capacitarte porque “Belleza no vale mucho, lo importante es la mente. Nadie quiere un corte de cabello de cincuenta dólares en una cabeza de 50 centavos.” Garrison Keillor.

3. Usa una Tijera imaginaria para cortar las relaciones que te dañan y que no te permiten crecer. Muchos te van a decir NO o te van a cerrar las puertas, pero debes seguir adelante ya que “Nunca vas a vivir si te pasas buscando el significado de la vidaAlbert Camus.

Planifica y empieza a hacer las cosas HOY y no dejes que otros decidan por ti ni dejes que manejen tu vida. Métele la segunda a tu vida. empieza a tomar tus propias decisiones y no culpes a los demás de lo que no hicistes o no lográste hacer. Todo lo que te pasa es porque tu has querido que pase.

No olvides las sabias palabras del Dr. Juvenal Urbino en El Amor en los Tiempos del Cólera:Ya me sobrará tiempo para descansar cuando me muera, pero esta eventualidad no está todavía en mis planes.”

En algo si estoy de acuerdo con Maya “Toda meta es alcanzable cuando le dedicamos energía para lograrla” – y que hay que – “enfocarse con amor y entusiasmo”

Te invito a leer el articulo completo de Maya o si te quedó ganas de leer los casi setenta y cinco mios, los pueden leer en Mujer Latina Blog.

Mujer, atrevéte, tu puedes lograr tus metas, no esperes más. Las invito a ver un video en YouTube: Mujer atrévete, ni un paso atrás

Llorar y no decir nada

Posted By: Lorena Mora-Mowry on March 21, 2008 in Lorena Hoy, Mujer Latina, Vida 01, lorenadeHoy02 - Comments: 3 Comments »

Otro año más de voluntaria en el vía crucis de la iglesia hispana local y entre sollozos, soldados y apóstoles, he podido ser parte de un evento que une a la rica y variada comunidad hispana de Cincinnati.

Como en los últimos tres años lo único que me ha tocado hacer es llorar, se me ocurrió la gran idea de preguntar a la encargada de organizar el vía crucis, que como mujer latina que siempre tiene algo que decir, consideraba que no era suficiente llorar, sino que también era importante decir algo ante tanta injusticia y dolor.

La encargada con su altavoz en la mano, me miró impacientemente y me respondió: Este año eres María y lo que tienes que hacer es llorar y no decir nada. Los soldados romanos y los apóstoles escucharon mi comentario y me miraron con esas miradas que paralizan a cualquiera y en silencio me puse mi manto y empecé a llorar.

Pero como mujer inquieta que soy, en vez de llorar decidí pensar que si es cierto que no hay mucho
que hacer o decir sobre el sufrimiento de María, sin embargo su historia nos ha enseñado que no podemos estar calladas ni ser indiferentes ante tanta injusticia.

Alzando los brazos dije = Además estamos en otros tiempos, pero de pronto recordé todos los rostros silencioso que veo día a día deseosos de compartir su dolor, pero que prefieren llorar
y no decir nada.

Mientras practicaba mi llanto pensaba que todo en la vida tiene solución, pero ¿Por qué quedarnos calladas si vivimos en un nuevo milenio donde las mujeres tienen derechos y protección?
Concentrada en mis pensamientos, de pronto escuché una fuerte voz proveniente de un ruidoso altavoz que decia: Lorena: ¡No se escucha tu llanto!

Recuperandome del susto y a regañadientes le dije:  Pero ¿Dónde uno puede aprender a llorar? Pero ahí, en una esquina estaba la silenciosa Maria Magdalena y sin pena le pregunté si me podía enseñar a llorar y que si podiamos hacerlo juntas.

Si la esposa del gobernador Spitzer fuera una latina…

Posted By: Lorena Mora-Mowry on March 12, 2008 in Life, Lorena Hoy, Mujer Latina - Comments: 3 Comments »

Por Lorena Mora-Mowry

Las mujeres de los Estados Unidos hemos visto con tristeza la situación tan embarazosa en que se encuentra el Gobernador de Nueva York Elliot Spitzer.

Según noticia de Univision.com “El gobernador ha tenido que presentarse con su familia en su oficina en Manhattan para pedir disculpas publicamente después que el diario The New York Times informara de su vinculación con un red de prostitución.”

El gobernador no va a renunciar pero dijo que iba a dedicar ¨algo de mi tiempo a recuperar la confianza de mi familia¨.

El gobernador es del partido demócrata tiene 48 años está casado desde hace 21 años y es padre de tres hijas.

Mientras el gobernador pedía disculpas a su familia y a su público ¨su esposa estaba a su lado, con las manos atrás, y la mirada hacia abajo¨.

Viendo la fotografía de Silda, la esposa del gobernador, ojerosa tal vez de tanto llorar y manteniendo su indignación calladamente, me puso a pensar ¿qué pasaría si la esposa del gobernador Spitzer fuera una mujer latina?

¿Haría lo mismo? Estaría callada a su lado sosteniendo su indignación o lo agarraría por los cabellos y le propinaría insultos?

Tal vez haríamos lo mismo que hizo Silda o tal vez no nos prestaríamos a ese juego de la política porque recordaríamos que somos mujeres del nuevo milenio y que no tenemos porque aguantar ningún tipo de vejamen y humillación solo por guardar las apariencias.

¿Opinan lo mismo?

Favor seguir el hipervínculo para leer la noticia completa haga click aqui

La Mentira y el Adulterio

Posted By: Lorena Mora-Mowry on March 11, 2008 in Mujer Latina - Comments: No Comments »

Por Lorena Mora-Mowry

¿Pueden las mujeres mentir en caso de cometer adulterio? De acuerdo al fallo del tribunal supremo de Italia, si lo pueden hacer, pero lamentablemente el tribunal no dejó en claro que si el fallo también incluye a los hombres que tienen amantes ocultas.

De acuerdo al artículo, “Con Licencia para Mentir” de la BBC Mundial, el alto tribunal de Italia decidió permitir a las adúteras mentir para salvar su honor.

“El Tribunal de Casación emitió ese fallo a raíz del caso de una mujer de 48 años de edad procesada por haber dado falso testimonio a la policía. La mujer negó haber prestado su teléfono celular a su amante.

Sin embargo, la corte determinó que la señora no violó la ley. Simplemente, de acuerdo con el tribunal, escondió la verdad para no revelar su relación extramatrimonial.

Carla - la mujer que presentó la apelación - está separada de su esposo, pero le prestó el teléfono celular a su amante secreto, Giovanni, quien lo usó para llamar al marido, Vicenzo para insultarlo. En pocas palabras “Carla presta, Giovanni insulta¨.

Giovanni fue condenado por “conducta abusiva” y Carla, como su cómplice.

No obstante, el Tribunal de Casación falló que tener un amante daña el honor de una persona entre los miembros de su familia y círculo de amigos.

Para el tribunal, mentir sobre esa circunstancia, está justificado incluso en una investigación judicial.¨

Lo interesante de esta noticia es que no se esperaba una decisión de esta índole en un país tan católico como Italia.

Si las mentiras y el adulterio son pecados veniales, ¿Qué le va a decir el Padre cuando escuche la confesión de la mujer o el hombre adúltero? ¿Está bien mentir?

La realidad el que es infiel a la pareja, siempre miente, entonces esta decisión se podría considerar una carta blanca para que el hombre y la mujer escondan sus relaciones extramatrimoniales. Honestamente no lo sé. ¿Qué creen de esta decisión?

Para leer el artículo completo haga click aqui

Una Semana Más

Posted By: Lorena Mora-Mowry on March 5, 2008 in Mujer Latina - Comments: No Comments »

Por Ana López

Con un largo suspiro se dejó caer aparatosamente sobre su cama. Estaba agotada. Épuisée, como dicen los franceses.

La semana había sido particularmente movida, y tener que sacrificar sus horas extras de sueño en la mañana del sábado francamente le parecía un abuso. Pero no había nada que hacer. A cumplir con su deber, como siempre lo hacía, así que salió muy temprano esa mañana demasiado fría como para abandonar el calorcito de su lecho motorizado por los cuerpecitos dormidos y desajustados de sus dos pequeños. Los besó al salir y les recordó que no estaría para el desayuno, pero que ellos mismos podrían hacerlo. La ventaja de Norteamérica, pensó, es que todo está “hecho”, así que preparar un desayuno relativamente nutritivo no sería problema para su hijo mayor. Los besó y no pudo menos que pensar en esas humildes mujeres de barrio, en su nativa Venezuela, que dejan a diario a sus pequeños a horas indecibles para salir a trabajar por un salario miserable que apenas les alcanzará para reproducir su invisible existencia, o más bien, su inexistencia…la miseria ajena la reconfortaba al pensar que siempre había alguien en peores condiciones que ella, pero sobretodo, la ayudaba a mantener su perspectiva sobre la relativa gravedad de sus problemas mundanos. En Norteamérica, la gente tiene la tendencia a ahogarse en un vaso de agua, y para Ana, esa forma de parálisis era simplemente inaceptable.

Mientras manejaba en esa mañana helada, rumbo a la cita cuyo único sentido era formar parte de ese juego burocrático que las instituciones intrascendentes necesitan para justificar su sola existencia, pensaba en lo que diría. Muchas palabras saldrían de la boca de su jefa, quien se aprovecharía de la ocasión para subrayar cuan importante era todo ese trabajo de hacer reportes, consultas, talleres y más consultas, para hacer otros reportes que costarán una fortuna, darán la impresión de que trabajamos mucho y que por supuesto, nadie leerá. A Ana le podrían estas ocasiones, pero había entendido hace mucho tiempo que para hacer, tenía que forzosamente jugar este juego. Y ella se consideraba por sobre todas las cosas, una hacedora. Aprendió divinamente el arte de vomitar vocablos impresionantes y de moda dentro de la jerga tecnocrática que tanto aman los burócratas. Pero en realidad, sabía que estaban vacíos de todo contenido.

En cambio su trabajo era cristalino y concreto. Escribía guías técnicas que ayudaban a la gente a seguir procesos para un fin específico: curar a un enfermo, redactar una ley, realizar acciones de abogacía o proteger el medio ambiente. Sentía que su trabajo si importaba, porque alguien se beneficiaba de su sudor, y no era precisamente las compañías comercializadoras de desodorantes. Para ella, ser relevante era lo más importante en su vida profesional. Y esa era la verdad con la que decidió vivir.

Con otro suspiro comenzó a pasar revista. ¡Qué semana más larga y acontecida! Primero, acompañó a su jefa a una reunión en donde supuestamente debía hablarle de las necesidades de trabajar en el campo internacional a unos miembros del Parlamento. Pero su jefa terminó hablando de sus propios méritos y ya no tenía ningún sentido mencionar la importancia de combatir la tuberculosis en Latinoamérica. Sólo le quedaban 10 minutos y estaba segura que sus interlocutores olvidarían absolutamente todo apenas salieran de esa oficina. Así que con el mismo entusiasmo de siempre condensó el significado de su lucha personal contra la injusticia. Eso sí, no tenía ninguna esperanza de que la escucharan, pero al menos mantenía su dignidad intacta. ¡Cuanta pasión le pones a tu trabajo! Le decían, y ella, acostumbrada, sólo alcanzaba a sonreír. Era una manera muy polite de decirles “me importa un carajo lo que Usted piense”. Esas reuniones la dejaban agotada y muy deprimida.

Luego fue el encuentro con aquel pobre hombre que casi se muere en sus brazos. Nunca había estado en una situación de emergencia, y al salir del estacionamiento casi la choca un auto que venía descontrolado y terminó estrellado contra una pared. El conductor estaba sufriendo un ataque. No estaba segura de qué, pero sabía que se trataba de algo grave. Había tres o cuatro personas rodeando el vehículo, pero todos estaban muy confundidos y nadie quería dar el primer paso. Ella, madre al fin, directora de orquesta, corrió sin pensarlo dos veces a socorrer a aquel hombre que convulsionaba fuertemente atrapado dentro de su automóvil. Dio órdenes de que llamaran a la ambulancia y se dirigió a la puerta del conductor para auxiliarlo, le desató el cinturón, y en ese momento se percató de que no sabía que hacer. Dio la orden de que lo sacaran del vehículo y aparecieron de no sabe donde cuatro hombres fornidos dispuestos a hacer lo que ella les ordenara. El hombre, ya en el suelo, seguía convulsionando, sus manos encogidas y golpeadas, su cabeza ladeada como si fuera a dar una vuelta de 180 grados. Ana, profundamente conmovida, poso su mano sobre su frente y le tomo el brazo suavemente para consolarlo. Al oído le decía suavemente pero con voz segura todo estará bien, pronto llegará la ambulancia. El hombre no respondía, su respiración era pesada y su cuerpo seguía estremeciéndose intensamente. Su mirada perdida le hacía pensar que el daño cerebral sería irremediable.

Las convulsiones pararon por unos minutos, pero luego comenzaron con mayor intensidad. El hombre parecía desesperarse, su mirada ahora reflejaba terror, como si supiera lo que le ocurría, pero su cabeza continuaba ladeada y su respiración ahora era entrecortada. Ana tuvo miedo de que ese hombre, a quien no conocía, muriera en sus brazos. Esos instantes de vulnerabilidad la hicieron sentir indispensable para ese ser que se debatía entre este mundo y el otro. Sentía que debía sostenerlo, sostenerlo para que no se deslizara a ese limbo que todos tememos de alguna manera…lo acarició dulcemente en la frente, como hacía con sus hijitos cuando estaban enfermos. Trató de transmitirle energía a través de su mano y su voz, pero ella también estaba aterrada, sin saber que hacer. Eso fue siempre lo peor para ella: no saber que hacer. Y mientras esperaban a la ambulancia, que tardó lo que parecía una eternidad, se reprendía a sí misma por no haber tomado un curso de primeros auxilios. Esto no me volverá a suceder, se dijo furiosa, ¡apenas llegue a la oficina, buscaré como registrarme en uno lo más pronto posible! En ese instante llegaron los paramédicos y de pronto ya no era indispensable. Se puede retirar, le dijeron. Y ella, un poco aturdida, corrió a su auto, con el extraño sentimiento de que dejaba desamparado a un ser querido.

¡Que extraña sensación!, no pudo más que llorar cuando llegó a la oficina. Lloró un largo rato, hasta que la llamaron de donde siempre para resolver los mismos problemas de siempre. ¡Que horror, y este era sólo el comienzo de la semana! Lo único que faltaba es que Él la llamara con alguna de sus excusas inverosímiles de porqué se había desaparecido por tantos días. Ya estaba acostumbrada a esos episodios de culpabilidad que el padre de sus hijos sufría, ya cada vez con menos frecuencia. Y efectivamente, para coronar la semana, llamó el viernes más nostálgico de lo acostumbrado, probablemente por la proximidad de su cumpleaños. Los mismos argumentos y la misma historia la tenían cansada y deseaba poder prescindir de ese ser alguna vez en su vida. Pero tenía dos hijos con él y eso significaba que el karma era de por vida. Sin entusiasmo discutió lo necesario para no perder la costumbre, y la conversación terminó en nada, también como de costumbre. Pero ella quedó muy alterada, no tanto por el hecho de haberle hablado, sino por el hecho de que todavía la hiciera enfurecer. ¿Hasta cuando voy a seguir cayendo en este juego tan marginal?, se preguntaba.

Y así, entre tempranos amaneceres y sueños interrumpidos, su rutina implacable de levantar a los niños, darle de comer, pelear con ellos para que se apuren, se laven los dientes, se vistan decentemente, sean hombres de bien, coman almuerzos nutritivos, tengan ropa limpia y se pongan todos los abrigos de la ocasión, correr a la oficina y lidiar con los trescientos mil asuntos que normalmente atiborran su escritorio, correr a casa, preparar la cena, lavar la loza y recoger la cocina, armar los almuerzos del día siguiente, pelear con los hijos para que se bañen y se acuesten a dormir, tomar su baño nocturno y finalmente, desplomarse en su cama, esta vez sola, demasiado sola y demasiado agotada como para darse cuenta, así, así transcurrió el resto de la semana.

Otro gran suspiro precedió su sueño. Estaba demasiado agotada para pensar, porque ésta semana, a no ser por ese ser anónimo que la hizo sentir imprescindible, se parecía mucho a tantas otras…

Ana López

Febrero 2008

Copyright © 2006-2010 Lorena Mora-Mowry | www.mujerlatinatoday.com | All rights reserved | Unauthorized Reproduction Prohibited
Created with WordPress | Image Design by MichaelJackaman.com | Login