Para aquellas que vivimos en Ohio y que no tenemos acceso a telenovelas, nada mejor que cantar Karaoke.
No es que sea una experta en música ni en Karaoke, pero cantando Vallenatos, Tangos y Rancheras se pone al descubierto cosas que no nos atrevemos a decir y gracias al micrófono, lo podemos decir cantando.
Cantando se pasa un buen rato mientras se entretejen historias de mujeres que hace años “perdieron el hilo de las telenovelas”.
Recientemente un grupo de amigas nos reunimos a cantar Karoke y entre risas, mi amiga la casada con “El Bueno” tomó el micrófono y se puso a buscar las canciones que iba a cantar.
Para nadie es un secreto que El Bueno le gusta salir de bonche sin su esposa, pero mi amiga insiste que él es tan bueno. Escuchando sus Vallenatos nos dimos cuenta que El Bueno deberia pensarlo dos veces antes de salir de fiesta, porque cada vez que se va ¨Me mata la melancolía” si no me llevas , a dónde iré sin ti y “se me salen las lagrimas” . Aunque “no voy a llorar” - “pero te vere llorar” algún día por todo lo que me haces sufrir.
Todas nos quedamos calladas escuchando cantar apasionadamente sus Vallenatos, yo la miré y pensé ¿Qué bueno es El Bueno para inspirar tanta tristeza?.
Pero como mi amiga prefiere decirlo cantando, yo calladamente me limité a esperar por La Plaga.
Mi amiga casada con El Expirado se levantó de un salto y se sumergió a buscar sus canciones.
Aunque es díficil de entender, a mi amiga su esposo le vino con fecha de vencimiento y desde hace un montón de años no quiere trabajar ni tampoco mueve un dedo porque ya no “inspira sino expira¨. Mi amiga es la que trabaja y todos los días El Expirado exige como si estuviera vigente. Mi amiga vive con un hombre que ha expirado sus funciones de padre y de esposo, pero cantando Rancheras, ella puede decir lo que siente, porque Sé que te fallé y Mi pasión Recordarás, pero quererte fue mi error.
Todas en silencio nos miramos tratando de encontrar otra Ranchera para explicar lo que sentiamos, pero viéndola recoger sus emociones en su sombrero emocional de Charra, me surgió la pregunta ¿Cuándo se le vencerá la capacidad de aguante a mi amiga?
Pero como mi amiga sólo lo dice cantando, yo simplemente me resigné a esperar por La Plaga.
Emocionada mi amiga la esposa de Terminator tomó el micrófono y con una sonrisa de haber encontrado un tesoro perdido se puso a cantar.
Todos sabemos que El Terminator o Terminador quiere terminar su matrimonio, aunque nadie sabe cuándo, sin embargo ha dejado bien claro, de que se termina se termina. Mi amiga y todos nosotros sabemos muy bien lo que significa terminar, pero escuchando sus Tangos, quién mejor que Carlos Gardel para decirlo cantando: Volver, para volver a partir como antes dejando el corazón… - Caminito que el tiempo ha borrado que juntos un día nos viste pasar, he venido por ultima vez.. y “Adios muchachos compañeros… Ya me voy y me resigno contra el destino nadie la calla..
Por fin me llegó mi turno y cansada de tanto esperar, pero con la energía de una chica que sabe muy bien su destino, tomé el micrófono en mis manos y como toda ochentosa decidí exterminar tanto sufrimiento con La Plaga.
Mi grupo de amigas y yo decidimos reunimos para celebrar 20 años de amistad y para hablar de cómo nos había tratado la vida.
Quedamos en encontrarnos en un café, pero a último momento me llamaron para decirme que era mejor reunirnos en un restaurante chino. ¿Restaurante Chino? - repetía nerviosamente mientras recordaba la mancha indeleble que me había quedado en mi vestido favorito por el inadecuado uso de los palillos chinos.
Todas mis amigas son profesionales, súper independientes y simpáticas, muchas de ellas tienen años de casadas. Este año, por casualidad, nos vamos a poder reunir todas después de tantos años. Siempre las recuerdo con mucho cariño por los innumerables momentos que compartimos juntas; todas, de una forma u otra, influenciaron en mi vida e hicieron de mi lo que soy hoy.
Que gran sorpresa me llevé cuando al llegar al restaurante, las vi. a todas sentadas esperándome con una amplia sonrisa. “Nada mejor que un restaurante chino para hablar de nuestras vidas”, me dijo una amiga mientras me abrazaba fuertemente. Sorprendida por su comentario, le respondí su abrazo mientras pensaba que para mi hubiese sido mejor comer en una Arepera.
Mientras me tomaba el tercer té negro, pude darme cuenta de la simpleza de mi apariencia y sin pensarlo dos veces les pregunté por el número de teléfono del peluquero al cual frecuentaban; todas tenían el cabello con rayitos rubios (highlights) y se veían como si fueran un grupo de rockeras con mucho sabor y energía.
Entre té y té hablamos de nuestras vidas, cuando de pronto empecé a sudar, no se si sería por el exceso de té que tomé o porque una amiga empezó a hablar de su matrimonio y como había perdido el tiempo tratando de cambiar a su esposo, lo cual fue en vano. No vale la pena cambiar a los hombres – dijo con una gran sonrisa – ese afán de la mujer por cambiar a los hombres es una gran pérdida de tiempo porque ellos nunca van a cambiar. Asentí con una sonrisa su comentario, ya que por años he tratado de colocarle un cubito de sabor latino a mi marido y de milagro baila salsa.
La conversación se hizo más interesante cuando una de ellas declaró, como si fuera un decreto solemne: Los esposos con el tiempo se vuelven poco interesantes. Asombrada por este debate de los sexos sin tener a la contraparte masculina para defenderse, me armé de valor y les pregunté: ¿Pero quién los vuelve así o los hace así? – ¿No será que nosotras los hemos vuelto así?
Decidí tomarme otra taza de té, mientras todas mis amigas respondían que eran libres de culpa, y una, en un tono medio enfermo, dijo: El matrimonio me ha enfermado, tengo un dolor de cabeza que me viene antes de la menstruación, durante la menstruación y después de la menstruación, sin contar los días que me duele el vientre, y los días de mal humor. Todas nos miramos con un gesto de solidaridad pero, sin decirlo, todas estuvimos de acuerdo que no era para tanto. Yo tímidamente le respondí que era mejor ir al médico o sentarse con el esposo para ver que era lo que realmente la enfermaba.
Seguimos conversando sobre matrimonios, sobre las miradas que silenciosamente se le hacen al marido para que haga algo que ya se le ha dicho más de una vez, o de la infinidad de quejas debido a la falta de ayuda en los quehaceres domésticos.
Escuchar a mis amigas era como escuchar a miles de mujeres en el mundo, todas unidas comiendo en un restaurante chino por una causa común, ¡nos hemos vuelto Mujeres Agridulces! ¿En qué momento el marido dejó de ser interesante?¿Es esto lo que esperabamos del matrimonio?¿Qué nos ha vuelto amargas para unas cosas y dulces para otras?
De pronto entendí el por qué nos habíamos reunido en un restaurante chino, y es que nos hemos vuelto como los platos agridulces, especialidad de la comida mandarín, por un lado dulces pero por el otro agrias. El asunto de todo esto es saber como podemos dejar de ser así, si todavía no hemos aprendido, ni siquiera, a usar esos benditos palillos chinos.
Para finalizar la reunion con mis amigas, le comenté a todas sobre mi descubrimiento por lo que decidimos brindar con otro té negro. ¡A nuestra salud!
Las que han sufrido el engaño de un novio (a) o un esposo (a) pueden tener una mejor idea de las razones del porqué les han sido infieles, pero Ivón Alvarez de AOL Latino ha logrado agrupar las 10 razones por las que los hombres son fieles a una mujer para asi entender el porqué algunos hombres les son fieles a las mujeres y “otros simplemente les aterra la idea.¨
Esa pregunta me la hizo una amiga hace poco después de contarme de su crisis matrimonial. Yo me quedé callada, pero para mi sorpresa, mi amiga me dijo: “Lorena, tu tienes suerte, fuiste criada en otro país y ustedes ven las cosas en forma diferente.”
Su comentario me puso a pensar, porque honestamente no creo que veamos las cosas diferentes, sino lo que pasa es que las mujeres en Latinoamérica, nos ha tocado vivir con muchos Pedros, Josés, Felipes, Juanes, Luises que creen que mandan en la casa y en nuestras vidas, entonces es por eso que nos ha tocado aprender a vivir pensando de una forma, pero actuando de otra.
Esa situación tan particular, hace que las mujeres seamos unos seres díficiles de entender. Más aún ahora que estamos en el tercer milenio y tenemos todas las oportunidades para tomar control de nuestros propios destinos, pero todavía muchas mujeres siguen viviendo como si estuviesen en el siglo pasado.
Las mujeres de este milenio ya no tenemos cuantos hijos Dios nos manda y nos hemos educado para trabajar en lo que nos gusta; sin embargo, emocionalmente, muchas mujeres se sienten como si todavía estuviesen cargando cestas en sus cabezas y viven resignadas en un silencio que las lastima y las empequeñece.
¿Qué se divorcia o no se divorcia?
Como le puedo dar mi opinión cuando hemos crecido escuchando que es mejor estar casada que divorciada; aguantar y resignarse, siempre decia mi abuela. Pero, me pregunto ¿Por cuánto tiempo puede una persona sufrir tanto abuso verbal y emocional?
Puede que su decisión sea como la de miles de mujeres que a la hora de decidir sobre sus vidas, terminan envueltas en una telaraña emocional que las atrapa y las sofoca dentro de una sociedad conservadora que valora la institución matrimonial y el bienestar de los hijos por encima de toda posibilidad que la mujer sea feliz.
Mi amiga todavía no me ha comunicado su decisión, cualquiera que sea, la voy a respetar. Por lo pronto, mi amiga empezó a trabajar y la noto diferente; sus ojos brillan de emoción y tiene una seguridad que me asombra, pareciera que encontró el mapa del tesoro perdido. Ese mapa puede ser que encontró el valor de seguir adelante.
Siento que mi amiga, al empezar a trabajar, descubrió lo capaz que era y lo que quiere hacer con su vida. Eso me recuerda un comentario que leí de la escritora mexicana Angeles Mastreta ” mientras las mujeres sean más y más parte de la fuerza de trabajo, mientras tengan una profesión y ganen su propio dinero, más cerca estaremos de hacer lo que queramos.”
Por Lorena Mora-Mowry
lorena.mora@escapelatino.com
Hace poco recibí una Interesante invitación, Isabel, la famosa demandante de la clausula secreta y del esposo inútil, me invitó a tomar un café y me anticipó que íbamos a hablar de la mujer T.
Durante toda esa semana elucubré sobre la famosa “T”. ¿Pero que tiene que ver una “T¨ con la mujer? Será que la “T¨es por Tremenda, Tropical, Tediosa, Tembleque, Temible, Terminator, Terca o tal vez, como me decía siempre mi profesora de primer grado, la T es de tomate. Pero “Mujer Tomate”, eso no tiene ningún sentido.
Ojerosa y pálida me fui a casa de Isabel a descubrir el famoso misterio que me desveló por toda una semana.
Mientras tocaba la puerta pensaba que siempre me había considerado una Mujer S., no por ser Super, sino por ser Simplemente una Mujer.
Isabel me invitó a pasar a su sala que brillaba de limpieza y muy tímidamente, me senté en su sofá de cuero italiano. Nerviosa, sin saber que decir, empecé a hablar sobre el estado del tiempo; expliqué sobre el frente frío que viene de Canadá y el 25% de posibilidades de lluvias en los próximos tres días. Respiré y calladamente di gracias a Cincinnati por haberme enseñado un tema de conversación tan interesante.
Después del segundo café, Isabel me invitó a conocer su casa. Subimos al segundo piso, tres cuartos amplios decorados con colores vivos y para mi sorpresa, en cada cuarto, había un cuadro que resaltaba sobre los demás, no era la “Mona Lisa” sino uno que decía “La Lista”. Interesante pensé, porque ese cuadro estaba en los baños, la cocina, el salón de juegos, el cuarto de limpieza y el garaje. Me armé de valor y le pregunté qué era esa decoración tan peculiar que se repetía en toda la casa?
Sonriendo me dijo, “eso es parte de ser “Mujer T” y por eso te he invitado a mi casa. Después de haber demandado a mi esposo por la cláusula secreta y por incumplimiento del contrato matrimonial, descubrí que lo mejor era elaborar “listas” para evitar malentendidos.”
¿Cuántas de nosotras tiene que hacer una lista del mercado para los esposos? Me miró esperando mi respuesta, yo por mi parte, silenciosamente contaba las veces que mi esposo había ido al mercado y regresaba sin leche porque no estaba en la lista.
¿Cuántas de nosotros tenemos que hacer una lista para que el esposo arregle algo en la casa? ¿Cuántas veces hay que hacer una lista cronológica de las actividades de los niños?
De pronto, entendí las historias de mis amigas, hermanas, abuelas y tías, de las veces que sus esposos se les dice algo que tienen que hacer y pareciera que les entra por un oído y se les sale por el otro. Pobres, todas las rabias que se hubiesen ahorrado si tan sólo les hubiesen dado a sus esposos una lista.
Ahora entiendes, ¿verdad? - me dijo Isabel - “Gracias a “La Lista” las mujeres nos hemos convertido en “Mujer T”. Ahora, todas podemos decir: Querido, “Te lo dije, está en tu lista”.
“Sabes Lorena – me dijo con una gran sonrisa en sus labios - “para mi, “Mujer T”, va más allá de “Te lo dije” y Luis bien lo sabe, para mi el “Te lo dije” significa: Te digo, yo no voy a sufrir lo mismo que sufrió mi madre y mis abuelitas por haber siempre tenido el temor de decir lo que pensaban.
Salí de su casa sonriendo y pensando que de ser una “Simplemente Mujer” ahora me siento una “Mujer T”, no por Tomate, sino por “Tenaz”.
Hace poco una amiga me comentó que su esposo trabaja tanto que cuando regresa en las tardes lo único que quiere es dormir y que nadie lo moleste. ¿Cuántas de nosotras tenemos que decir a nuestros hijos: Por favor, no hagan ruido porque papá está muy cansado o papá no puede jugar porque tuvo un día muy díficil?
Su historia me puso a pensar en todos los padres o madres que trabajan y cuando regresan a sus hogares, en vez de descansar, se encuentran con niños llenos de energía deseosos por jugar o deseosos por compartir sus historias del día. Sin contar, claro está, que muchos padres o madres llegan directamente a ayudar con las tareas o deben nuevamente salir porque los niños tienen actividades extracurriculares.
Trabajar y trabajar para el pan de cada día; pero qué pasa si se tiene el pan, pero no se tiene el tiempo ni la energía para disfrutarlo?
Continuando la historia de mi amiga; su esposo llega todas las tardes, murmura unas cuantas palabras, se tumba en el sofá, se quita los zapatos y se queda dormido.
Eso me recuerda las películas del lejano oeste. ¿Quién no recuerda las famosas historias de los vaqueros que en la madrugada salían en sus caballos a arrear el ganado; luchaban contra forajidos mientras rescataban diligencias y en las noches regresaban a sus casas, se quitaban sus botas, se cubrían el rostro con el sombrero y se quedaban dormidos.
¿No creen ustedes que es mejor pensar que el esposo es un vaquero lleno de aventuras, en vez de un esposo que siempre está cansado y que no tiene tiempo ni para hablar con la esposa ni jugar con los hijos?
De ahora en adelante voy a pensar que mi esposo es un recio vaquero.