Estimada Dra. Amor,
La felicito por su éxito en su nuevo libro “Secretos para encontrar pareja en Internet”. En este día de los enamorados, definitivamente le expreso mi más profunda admiración por su trabajo como la Dra. Amor de la era digital y por su esfuerzo en mantener la llama del amor encendida en tiempos tan difíciles como estos.
Desde hace cuatro años escribo para Mujer Latina Today, pero recientemente una amiga me comentó que no era a la mujer de hoy a la que yo le escribo, sino a la mujer del mañana. Su comentario me dejó confusa y medio perpleja, porque para mi la mujer del mañana es aquella que viaja en naves espaciales, pero ahora me encuentro que, después de más de 400 mil Page Views, más de 200 artículos y audio / video entrevistas, lo que he estado haciendo en los últimos años, es escribiendo sobre la mujer del mañana o la del después de.
Disculpe la molestia, pero necesito su pericia para que me ayude a entender si escribir sobre las mujeres que después de la noche de bodas no encontraron ni un FIN ni un letrero que decia vivieron felices por muchos años. Al contrario, son mujeres que se dieron cuenta que sus historia continuaban y que hay vida después del “antes de”.
¿Será que escribir sobre la mujer del después de o del mañana, me hace la Dra. Des-Amor?
Le agradezco enormemente que me aclare mi pregunta, porque si bien es cierto que usted se especializa en hablar sobre la mujer del antes de (matrimonio) también es cierto que es importante escribir sobre la mujer que “después de” sufre desencantos, desengaños, descuidos, desiluciones, despidos, desesperación, desempleo o desolación.
Mientras espero su respuesta, continuaré aferrada a mi obstinada idea de conectar a las mujeres del mañana o las del después de, que sin tener naves espaciales sienten que son mujeres de hoy, porque la era digital les ha brindado un lugar para compartir sus historias que no terminaron con un FIN ni con el famoso letrero de vivieron felices por muchos años.
Un gran saludo y espero su pronta respuesta.
Lorena
Mi grupo de amigas y yo decidimos reunimos para celebrar 20 años de amistad y para hablar de cómo nos había tratado la vida.
Quedamos en encontrarnos en un café, pero a último momento me llamaron para decirme que era mejor reunirnos en un restaurante chino. ¿Restaurante Chino? - repetía nerviosamente mientras recordaba la mancha indeleble que me había quedado en mi vestido favorito por el inadecuado uso de los palillos chinos.
Todas mis amigas son profesionales, súper independientes y simpáticas, muchas de ellas tienen años de casadas. Este año, por casualidad, nos vamos a poder reunir todas después de tantos años. Siempre las recuerdo con mucho cariño por los innumerables momentos que compartimos juntas; todas, de una forma u otra, influenciaron en mi vida e hicieron de mi lo que soy hoy.
Que gran sorpresa me llevé cuando al llegar al restaurante, las vi. a todas sentadas esperándome con una amplia sonrisa. “Nada mejor que un restaurante chino para hablar de nuestras vidas”, me dijo una amiga mientras me abrazaba fuertemente. Sorprendida por su comentario, le respondí su abrazo mientras pensaba que para mi hubiese sido mejor comer en una Arepera.
Mientras me tomaba el tercer té negro, pude darme cuenta de la simpleza de mi apariencia y sin pensarlo dos veces les pregunté por el número de teléfono del peluquero al cual frecuentaban; todas tenían el cabello con rayitos rubios (highlights) y se veían como si fueran un grupo de rockeras con mucho sabor y energía.
Entre té y té hablamos de nuestras vidas, cuando de pronto empecé a sudar, no se si sería por el exceso de té que tomé o porque una amiga empezó a hablar de su matrimonio y como había perdido el tiempo tratando de cambiar a su esposo, lo cual fue en vano. No vale la pena cambiar a los hombres – dijo con una gran sonrisa – ese afán de la mujer por cambiar a los hombres es una gran pérdida de tiempo porque ellos nunca van a cambiar. Asentí con una sonrisa su comentario, ya que por años he tratado de colocarle un cubito de sabor latino a mi marido y de milagro baila salsa.
La conversación se hizo más interesante cuando una de ellas declaró, como si fuera un decreto solemne: Los esposos con el tiempo se vuelven poco interesantes. Asombrada por este debate de los sexos sin tener a la contraparte masculina para defenderse, me armé de valor y les pregunté: ¿Pero quién los vuelve así o los hace así? – ¿No será que nosotras los hemos vuelto así?
Decidí tomarme otra taza de té, mientras todas mis amigas respondían que eran libres de culpa, y una, en un tono medio enfermo, dijo: El matrimonio me ha enfermado, tengo un dolor de cabeza que me viene antes de la menstruación, durante la menstruación y después de la menstruación, sin contar los días que me duele el vientre, y los días de mal humor. Todas nos miramos con un gesto de solidaridad pero, sin decirlo, todas estuvimos de acuerdo que no era para tanto. Yo tímidamente le respondí que era mejor ir al médico o sentarse con el esposo para ver que era lo que realmente la enfermaba.
Seguimos conversando sobre matrimonios, sobre las miradas que silenciosamente se le hacen al marido para que haga algo que ya se le ha dicho más de una vez, o de la infinidad de quejas debido a la falta de ayuda en los quehaceres domésticos.
Escuchar a mis amigas era como escuchar a miles de mujeres en el mundo, todas unidas comiendo en un restaurante chino por una causa común, ¡nos hemos vuelto Mujeres Agridulces! ¿En qué momento el marido dejó de ser interesante?¿Es esto lo que esperabamos del matrimonio?¿Qué nos ha vuelto amargas para unas cosas y dulces para otras?
De pronto entendí el por qué nos habíamos reunido en un restaurante chino, y es que nos hemos vuelto como los platos agridulces, especialidad de la comida mandarín, por un lado dulces pero por el otro agrias. El asunto de todo esto es saber como podemos dejar de ser así, si todavía no hemos aprendido, ni siquiera, a usar esos benditos palillos chinos.
Para finalizar la reunion con mis amigas, le comenté a todas sobre mi descubrimiento por lo que decidimos brindar con otro té negro. ¡A nuestra salud!
Mujer Latina Blog siempre buscando la mejor forma de ser la voz de la Mujer de Hoy, esta vez desde Caracas, Venezuela, conversando con la Psicológa Andrea sobre “El Novio Perfecto”.
¿Existe el novio perfecto? ¿Será que tu “novio perfecto” será el marido perfecto? Todas pensamos diferente, pero mejor preguntarle a una experta en la materia.
Las invito a conocer nuestra divertida conversación y a compartir sus opiniones sobre tan discutido tema. Para escuchar la entrevista por favor haga click en el siguiente link:
El novio perfecto - Audio Entrevista con la Psicológa Andrea
Las que han sufrido el engaño de un novio (a) o un esposo (a) pueden tener una mejor idea de las razones del porqué les han sido infieles, pero Ivón Alvarez de AOL Latino ha logrado agrupar las 10 razones por las que los hombres son fieles a una mujer para asi entender el porqué algunos hombres les son fieles a las mujeres y “otros simplemente les aterra la idea.¨
Aquí estoy, después de una larga espera, en el balcón de Julieta en Verona, Italia.
Estoy tan feliz que no se que decir, sólo que el sol brilla de una forma muy singular y el azul del cielo me recuerda al de las películas de los cuentos de hadas, claritos y sin nubes.
Ya en el balcón, me asomo con timidez, no se si será por la emoción o por mi inexplicable temor a las alturas. Con extrañeza veo como las personas esperan impacientemente para tocar los senos de la escultura de bronce de Julieta porque, supuestamente, tocarlos les da suerte en el amor. Yo, simplemente, me limité a medir la altura de la pared, el tamaño del balcón y el grosor de la enredadera que Romeo utilizó para subir a ver a su amada Julieta.
A simple vista, y eso que no se nada de construcción, me doy cuenta que Romeo pudo haber subido y bajado el balcón en un dos por tres, sin ningún tipo de ayuda. Pero analizando los números veo que cualquiera pudo haber subido y bajado de este bendito balcón.
Preocupada verifiqué una vez más la altura y tristemente descubrí el motivo por el cual mi Romeo se dio por vencido tan fácilmente; el balcón de mi casa era muy alto.
Trágico descubrimiento en tan romántico lugar, pensé en voz alta y lo peor de todo, es que mi Romeo se encontró con otro pequeño problemita, el balcón tenía rejas como todos los balcones en Latinoamérica. Pero eso no era excusa, eso lo sabía él, ya que casi todos los balcones tienen rejas para proteger las casas de aquellos que roban otra cosa diferente a los corazones.
Pobre mi Romeo, se dio por vencido tan fácilmente, no sólo por las rejas o la altura del balcón, sino también porque en vez de encontrarse con una simple enredadera que lo pudo haber motivado a subir, se encontró con un grande y tosco árbol de mango.
Mi Romeo se encontró con obstáculos tan tropicales que seguramente se preguntó: ¿A quién se le ocurre subir un árbol para rescatar a una Julieta dentro de un balcón enrejado? ¡Definitivamente a nadie! y sin pensarlo dos veces se fué y nunca más regresó.
Ahora entiendo porque no fue suficiente la mirada perfecta o la sonrisa tímida que tanto practiqué, ni tampoco las infinitas conversaciones que mantuve con mi Romeo; su romanticismo murió en el momento en que vió el balcón de mi casa.
Definitivamente la culpa fue del balcón, porque honestamente, yo no era ni tan fea ni él era tan indiferente, al contario era medio romántico.
Estoy más que segura que eso fue lo que me pasó con mi Romeo. El pobre no se inspiró para seguir los pasos del famoso héroe veronés y conquistar a la Julieta tropical que tan ilusionadamente lo esperaba detrás del enrejado balcón.
Triste realidad - dije en voz alta - mientras una elegante dama, como de mi edad, me tocaba mi espalda y con voz medio timida me dijo: Señora, es mi turno de ser Julieta. La miré sorprendida, pero viendo sus ojos, de inmediato me di cuenta que era otra que tuvo problemas con el balcón.
Nada como la comida mexicana en los Estados Unidos. ¿Quién no ha saboreado los deliciosos y suculentos platos que deleitan los gustos de grandes y chicos?
Honestamente no se quien les pone los nombres o si son típicos o no. Lo importante es que los Burros y los Burritos se han convertido en unos de los más populares platos de los Estados Unidos.
Los burros son de carne o de pollo y se reconocen por estar envueltos en una tortilla de harina de trigo y poco se les ve, ya que estan herméticamente cerrados, al contrario de los “Naked Burritos” o como los llamo yo, “Burros Desnudos” que no vienen envueltos, se le ven todos sus ingredientes y se sirven en bowls.
No soy una experta en comida mexicana ni tampoco voy a perder mi tiempo analizando su autenticidad, lo importante es que el burro o burrito, con sus ingredientes sencillos, es una comida que sacia mi apetito.
Como mi paladar no es tan sofisticado ni exigente, el Burro Desnudo es mi favorito y siempre lo ordeno en español, ya que siento que es un plato con mucha personalidad. Nada los cubre y a simple vista se puede ver su variados y ricos componentes: arroz, frijoles negros, lechuga en tiritas, tomate, cebolla y bastante cilantro.
¡Qué locura yo pensando en burros desnudos en Italia! – exclamé en voz alta mientras el vigilante del Museo Etrusco de Roma me miraba como si fuera una mortal turista cualquiera.
Pero, ¿Cómo no voy a pensar en burros desnudos cuando tengo en frente de mi a la diosa griega Athena - Minerva para los romanos – la diosa de la sabiduría, de la guerra y de las artes? Athena con su traje de guerrera, con su casco militar, con su mirada que te inspira a luchar y claro está, como mujer inteligente, con una espada en una mano y en la otra, muy escondidita un frasco con la poción de la inmortalidad.
¡Increíble! - pensé - mientras Athena me seguía mirando como si quisiera darme un mensaje. Aunque no creo que era sobre el Burro Desnudo, al contrario, creo que me quería mostrar como no podemos vivir las mujeres latinas en los Estados Unidos envueltas dentro de un manto que no nos deja ver lo que realmente somos, por el temor de dar explicaciones sobre nuestra personalidad.
En los Estados Unidos las mujeres tristemente somos como los ¨Burros de Carne o de Pollo” en vez de ser como los “Burros Desnudos”. Extraña analogía pensé, pero en Roma no me sentía sola, porque estaba junto a miles y miles de mujeres latinas que como yo, hablan por los codos, te saludan con tanto cariño que te dejan sin aliento y son unas guerreras en su lucha por una vida mejor.
Athena me hizo sentir inteligente, guerrera, luchadora y misteriosa (por eso de la poción mágica) y también me enseñó lo maravilloso que es mostrar las cualidades que nos hacen tan especiales y bueno, con tanta personalidad y color, como mi suculento burro desnudo.
Salí del museo con hambre e inspirada a mostrar lo que soy, gracias a mi comadre Athena.
Otro año más de voluntaria en el vía crucis de la iglesia hispana local y entre sollozos, soldados y apóstoles, he podido ser parte de un evento que une a la rica y variada comunidad hispana de Cincinnati.
Como en los últimos tres años lo único que me ha tocado hacer es llorar, se me ocurrió la gran idea de preguntar a la encargada de organizar el vía crucis, que como mujer latina que siempre tiene algo que decir, consideraba que no era suficiente llorar, sino que también era importante decir algo ante tanta injusticia y dolor.
La encargada con su altavoz en la mano, me miró impacientemente y me respondió: Este año eres María y lo que tienes que hacer es llorar y no decir nada. Los soldados romanos y los apóstoles escucharon mi comentario y me miraron con esas miradas que paralizan a cualquiera y en silencio me puse mi manto y empecé a llorar.
Pero como mujer inquieta que soy, en vez de llorar decidí pensar que si es cierto que no hay mucho
que hacer o decir sobre el sufrimiento de María, sin embargo su historia nos ha enseñado que no podemos estar calladas ni ser indiferentes ante tanta injusticia.
Alzando los brazos dije = Además estamos en otros tiempos, pero de pronto recordé todos los rostros silencioso que veo día a día deseosos de compartir su dolor, pero que prefieren llorar
y no decir nada.
Mientras practicaba mi llanto pensaba que todo en la vida tiene solución, pero ¿Por qué quedarnos calladas si vivimos en un nuevo milenio donde las mujeres tienen derechos y protección?
Concentrada en mis pensamientos, de pronto escuché una fuerte voz proveniente de un ruidoso altavoz que decia: Lorena: ¡No se escucha tu llanto!
Recuperandome del susto y a regañadientes le dije: Pero ¿Dónde uno puede aprender a llorar? Pero ahí, en una esquina estaba la silenciosa Maria Magdalena y sin pena le pregunté si me podía enseñar a llorar y que si podiamos hacerlo juntas.
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