Hace poco recibí una Interesante invitación, Isabel, la famosa demandante de la clausula secreta y del esposo inútil, me invitó a tomar un café y me anticipó que íbamos a hablar de la mujer T.
Durante toda esa semana elucubré sobre la famosa “T”. ¿Pero que tiene que ver una “T¨ con la mujer? Será que la “T¨es por Tremenda, Tropical, Tediosa, Tembleque, Temible, Terminator, Terca o tal vez, como me decía siempre mi profesora de primer grado, la T es de tomate. Pero “Mujer Tomate”, eso no tiene ningún sentido.
Ojerosa y pálida me fui a casa de Isabel a descubrir el famoso misterio que me desveló por toda una semana.
Mientras tocaba la puerta pensaba que siempre me había considerado una Mujer S., no por ser Super, sino por ser Simplemente una Mujer.
Isabel me invitó a pasar a su sala que brillaba de limpieza y muy tímidamente, me senté en su sofá de cuero italiano. Nerviosa, sin saber que decir, empecé a hablar sobre el estado del tiempo; expliqué sobre el frente frío que viene de Canadá y el 25% de posibilidades de lluvias en los próximos tres días. Respiré y calladamente di gracias a Cincinnati por haberme enseñado un tema de conversación tan interesante.
Después del segundo café, Isabel me invitó a conocer su casa. Subimos al segundo piso, tres cuartos amplios decorados con colores vivos y para mi sorpresa, en cada cuarto, había un cuadro que resaltaba sobre los demás, no era la “Mona Lisa” sino uno que decía “La Lista”. Interesante pensé, porque ese cuadro estaba en los baños, la cocina, el salón de juegos, el cuarto de limpieza y el garaje. Me armé de valor y le pregunté qué era esa decoración tan peculiar que se repetía en toda la casa?
Sonriendo me dijo, “eso es parte de ser “Mujer T” y por eso te he invitado a mi casa. Después de haber demandado a mi esposo por la cláusula secreta y por incumplimiento del contrato matrimonial, descubrí que lo mejor era elaborar “listas” para evitar malentendidos.”
¿Cuántas de nosotras tiene que hacer una lista del mercado para los esposos? Me miró esperando mi respuesta, yo por mi parte, silenciosamente contaba las veces que mi esposo había ido al mercado y regresaba sin leche porque no estaba en la lista.
¿Cuántas de nosotros tenemos que hacer una lista para que el esposo arregle algo en la casa? ¿Cuántas veces hay que hacer una lista cronológica de las actividades de los niños?
De pronto, entendí las historias de mis amigas, hermanas, abuelas y tías, de las veces que sus esposos se les dice algo que tienen que hacer y pareciera que les entra por un oído y se les sale por el otro. Pobres, todas las rabias que se hubiesen ahorrado si tan sólo les hubiesen dado a sus esposos una lista.
Ahora entiendes, ¿verdad? - me dijo Isabel - “Gracias a “La Lista” las mujeres nos hemos convertido en “Mujer T”. Ahora, todas podemos decir: Querido, “Te lo dije, está en tu lista”.
“Sabes Lorena – me dijo con una gran sonrisa en sus labios - “para mi, “Mujer T”, va más allá de “Te lo dije” y Luis bien lo sabe, para mi el “Te lo dije” significa: Te digo, yo no voy a sufrir lo mismo que sufrió mi madre y mis abuelitas por haber siempre tenido el temor de decir lo que pensaban.
Salí de su casa sonriendo y pensando que de ser una “Simplemente Mujer” ahora me siento una “Mujer T”, no por Tomate, sino por “Tenaz”.

Al contrario, le responde Isabel P., es por eso que te estoy demandando porque quiero ayudar a las mujeres a conocer sobre la existencia de una “cláusula secreta” que aparece durante el matrimonio y no quiero que se sorprendan como me sorprendí yo.
Para probar su demanda, Isabel P. presentó como testigos a su madre, abuela, tía y a una amiga.
El testimonio de la abuelita fue corto, debido a la edad, pero su respuesta fue clara y concisa: “Por años he visto como mi esposo cuando no le gusta lo que cocino se levanta de la mesa diciendo ¿esto es lo que hay de comida? Estoy aqui porque no sé donde dice que las esposas tenemos que preparar todos los días platos deliciosos. La abuelita se retira refunfuñando “eso es culpa de la cláusula secreta”.
El testimonio de la madre fue largo y lleno de muchos detalles, pero el más interesante fue la historia del “esposo enfermo”. Cada vez que su esposo se enferma, ella es la que tiene que explicar los síntomas al médico y pedir la cita; pero cuando ella se enferma, su esposo no hace lo mismo. En otras palabras, la cláusula secreta es “si yo me enfermo, tu llamas al médico y si tu te enfermas, tu llamas.”
El testimonio de la tía, por el contrario, fue divertido y habló de la “cesta”. Para la tía, la “cláusula secreta” ocurre cuando ella lava la ropa y su esposo no la ayuda a guardarla. Si ella no la guarda, la cesta de la ropa limpia puede pasar días encima de la lavadora rogando que sea despocupada, mientras la ropa limpia se llena de polvo.
Al momento de declarar la amiga todos estábamos agotados, pero su testimonio nos hizo reflexionar cómo la “cláusula secreta” está arraigada en nuestra cultura. Todas nos miramos, cuando preguntó: ¿Cuántas de nosotras estamos haciendo lo mismo que hacian nuestras madres con nuestros padres? Cuidando al esposo y resolviendo todo en el hogar. ¿Dónde dice que todos los quehaceres del hogar le corresponden a las esposas?
El juez, todavía sin entender la demanda, pidió a la demandante copia de su contrato matrimonial. Isabel P.lupa se lo entregó junto a una lupa. El juez tomó la lupa y leyó en silencio por un largo rato. Respiró profundo y después de hacer una mueca, decidió a favor de la demandante y determinó que la “cláusula secreta en el matrimonio” no era tan secreta y que de verdad existía.
Esta demanda es ficticia, pero es divertido saber que cada una de nosotras tiene una historia de la “cláusula secreta” en nuestros matrimonios.
Isabel P., cansada y desilusionada por el doble trabajo que le toca hacer diariamente, decidió demandar a su esposo Luis por incumplimiento de las obligaciones contenidas en el contrato matrimonial.
Según consta en la demanda, Isabel ha visto como al poco tiempo de casada, su esposo (Luis) se ha convertido en un inútil y un ser incapaz de ayudar con las mínimas tareas domésticas.
Isabel alega que se siente engañada, ya que su esposo no era así durante el noviazgo, al contrario, era una persona atenta y siempre dispuesto a ayudar. “ Ahora mi marido se ha vuelto un inútil ni siquiera me ayuda con los niños y lo único que quiere es tener la comida lista, la ropa limpia y planchada. A mi toca hacer todo: atender a los niños, ir de compras, pagar las cuentas, tener la casa limpia y más encima ir al trabajo - alega Isabel en la demanda.
El argumento de defensa de Luis es que nunca ha habido un contrato matrimonial y que no entiende la razón de esta demanda sin merito legal y le pide al juez que determiné cuáles son las obligaciones matrimoniales que su esposa alega en la demanda; además qué él no está incumpliendo obligaciones de un contrato que no existe y le pide al juez que desista la demanda.
El juez después de escuchar las partes, sentenció en contra de la demandada ( Isabel) - “porque aunque no hay un contrato matrimonial per se, sin embargo Isabel cometió el gran error de tomar obligaciones que no le correspondían eliminando responsabilidades a Luis convirtiéndolo en un esposo inútil.”
El Juez ordenó a Isabel que dejara esa manía de las mujeres de solucionar los problemas y a Luis que entendiera que el matrimonio es entre DOS PERSONAS y que las resposabilidades deben ser entre ambas partes y le recordó a Luis que un matrimonio sólo funciona si hay cooperación, solidaridad y respeto, bueno, claro esta y amor.
Isabel P. y Luis son personas ficticias y la historia del divorcio también, pero ¿Cuántas de nosotras nos gustaría estar en este tipo de demanda? y ¿Cuántas de nosotras hacemos todo en la casa y sin tener ningún tipo de ayuda?
Somos gerentes naturales y puede que esa sea la causa del por qué inutilizamos a los esposos; siempre encontramos solución antes de pedir ayuda. También puede ser que culturalmente es permitido que los hombres no ayuden en las tareas domésticas y muchas de nosotras crecímos viendo a nuestras madres hacer todo sin quejarse.
La realidad es que las mujeres debemos reconocer que no podemos hacer todo ni tampoco podemos dejar que nuestros esposos no hagan nada en el hogar. Definitivamente debe haber un balance, pero ¿Cómo podemos lograr ese balance?
Hoy por fin me decidí a escribirte esta carta. Papi, se que vas a llorar, que te va a doler, pero es importante que la leas.
Cuando yo era una niña, tu eras mi ejemplo a seguir. Te admiraba porque con mucho esfuerzo habías logrado todas tus metas, quería ser como tu cuando fuera grande; eras mi héroe
Pero cuando supe que tenías “otra novia”, el mundo se cayó y dejaste de ser mi héroe. Tu no te dabas cuenta de mi sufrimiento, ya que yo me encerraba donde nadie me podía ver y lloraba en silencio
Para mi era como si estuviera en un pesadilla; solo quería despertar y darme cuenta que no era cierto, que no era verdad. No podía abrazarte porque sentía que estaba abrazando a ella y no a ti. Sentía que yo no era importante para nadie, que nadie me quería, que tú no me querías.
Pero hoy, después de 15 años y ahora que ya soy una mujer, solo te escribo para decirte que te perdono. Si papá, te perdono, por todo el daño que nos hiciste a mi mamá, a mis hermanos y a mí. Se que aún sigues con la otra y que tienes 2 hijos, pero aún así, te perdono por todo el sufrimiento que nos hiciste pasar.
Aunque nunca ha salido de tu boca un “perdón” o una explicación, estoy segura que cuando todo esto empezó no pensaste en las consecuencias de tus actos y que podías arrepentirte por el daño que nos causaste.
A pesar de tu traición, que aún me duele y lloro como aquella niña de 12 años, siempre serás mi papá y siempre te tendré en mi corazón”
Denise
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