Con la autonomía que me caracteriza, decidí tomar mi auto e irme a comprar el atuendo para la fiesta navideña de la oficina.
Guiándome solo con mi automatismo (instinto) entré en el centro comercial y como toda una autómata caminaba entre tienda y tienda buscando la pieza ideal para lucir en tan importante evento. Me sentía una mujer autoritaria e independiente de toda influencia externa.
Esa soy yo, una mujer clara como el agua y fuerte como el roble, que sabe muy bien lo que quiere en la vida y con el automático puesto, caminaba entre las tiendas buscando el vestuario correcto.
Entré en la tienda - a la que sólo voy en caso de emergencia porque es demasiado costosa - de inmediato vi la blusa y el abrigo perfecto y me fui al vestidor a probarmelos.
El vestidor era un pequeño cuarto decorado con una tenebrosa luz fluorescente, una endeble silla y un enorme espejo listo para criticar y censurar.
De pronto sentí un nudo en la garganta y empecé a ver como mi optimismo se desvanecía ante ese altanero y soberbio espejo. Respiré profundo, me coloqué la blusa; no era la talla correcta. Con calma pedí una talla más grande, mientras veía como ese simple cambio había producido un efecto dominó en mi autoestima.
Desplomada en la silla y mirándome en el espejo reflexionaba en lo autosuficiente que siempre me había sentido, pero ahora viendo como la estima había pérdido su auto, entendí que era algo que nadie puede controlar y que la vida no hay que vivirla con el autopiloto puesto.
Compré la blusa y el abrigo y de regreso a casa pensaba en mi Auto (coche) que voy a dejar de presumir que que soy una Chica autónoma, ya que en realidad soy una Chica con Auto, pero a veces sin Estima.
Tags: Autoestima, Mujer Latina, Vida
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June 22nd, 2010 at 9:39 am
Esta genial, gracias por compartir!