Hace poco una amiga me comentó que su esposo trabaja tanto que cuando regresa en las tardes lo único que quiere es dormir y que nadie lo moleste. ¿Cuántas de nosotras tenemos que decir a nuestros hijos: Por favor, no hagan ruido porque papá está muy cansado o papá no puede jugar porque tuvo un día muy díficil?
Su historia me puso a pensar en todos los padres o madres que trabajan y cuando regresan a sus hogares, en vez de descansar, se encuentran con niños llenos de energía deseosos por jugar o deseosos por compartir sus historias del día. Sin contar, claro está, que muchos padres o madres llegan directamente a ayudar con las tareas o deben nuevamente salir porque los niños tienen actividades extracurriculares.
Trabajar y trabajar para el pan de cada día; pero qué pasa si se tiene el pan, pero no se tiene el tiempo ni la energía para disfrutarlo?
Continuando la historia de mi amiga; su esposo llega todas las tardes, murmura unas cuantas palabras, se tumba en el sofá, se quita los zapatos y se queda dormido.
Eso me recuerda las películas del lejano oeste. ¿Quién no recuerda las famosas historias de los vaqueros que en la madrugada salían en sus caballos a arrear el ganado; luchaban contra forajidos mientras rescataban diligencias y en las noches regresaban a sus casas, se quitaban sus botas, se cubrían el rostro con el sombrero y se quedaban dormidos.
¿No creen ustedes que es mejor pensar que el esposo es un vaquero lleno de aventuras, en vez de un esposo que siempre está cansado y que no tiene tiempo ni para hablar con la esposa ni jugar con los hijos?
De ahora en adelante voy a pensar que mi esposo es un recio vaquero.
Tags: Divorcio, Familia, Hijos, Matrimonio, Mujer de Hoy, Trabajo, Vida
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September 3rd, 2007 at 8:41 pm
TA GÜENO LO DEL VAQUERO, SALUDOS AL CHIGÜIRE
ANDREA